En este hotel no tienen muy claras las ideas:
¿En qué quedamos? ¿Nos relajamos o nos energizamos?
Muchos proyectos prometedores acaban mal por fallos al fijar el mercado objetivo... O quizás sea yo el que no entiende el objetivo del hotel. Podría ser que estén buscando cabezas llenas de energía con cuerpos muy relajados...
Nota: este pensamiento aleatorio en voz alta fue de Cristina
lunes, abril 30, 2007
jueves, abril 26, 2007
Tened cuidado: sed buenos
Tantas horas de trabajo tenían que dar sus frutos: he alcanzado cotas de concentración tan altas que mis pensamientos se convierten automáticamente en realidad.
Ayer, volviendo a casa en bicicleta, una chica se propuso adelantarme. Yo no tengo ningún problema en que me adelanten, y por tanto la dejé pasar. Lo interesante del asunto es que ella me quería adelantar a pesar de que yo iba justo detrás de un coche por una calle de un solo carril. Y el coche iba despacio porque delante de él iban otros dos ciclistas. Por lo tanto, la ciclista meteprisas consiguió adelantarme, pero únicamente para sustituirme en mi posición tras el coche.
La chica debía de tener mucha mucha prisa, porque intentó adelantar al coche. Y eso que cualquier ciclista con dos dedos de frente sabe que es un peligro adelantar a un coche por una calle de un solo carril y con multitud de gente en las aceras (i.e la calle Hospital en el Raval). Yo la observaba desde detras, pensando: "esta tía es tonta; se va a caer".
Diez segundos después la ciclista ya no era ciclista, sino caidista. En un cruce con otra calle la ciclista se subió a la acera, adelantó al coche acortando por el chaflán y se incorporó de nuevo al asfalto, chocándose con otra ciclista que iba por allí tranquilamente. Se pegó una buena.
Lo pensé y se cayó. Me sentí incluso culpable. Tened cuidado. No me hagáis acumular culpa. Sed buenos, sobre todo conmigo. Estoy pensando.
Ayer, volviendo a casa en bicicleta, una chica se propuso adelantarme. Yo no tengo ningún problema en que me adelanten, y por tanto la dejé pasar. Lo interesante del asunto es que ella me quería adelantar a pesar de que yo iba justo detrás de un coche por una calle de un solo carril. Y el coche iba despacio porque delante de él iban otros dos ciclistas. Por lo tanto, la ciclista meteprisas consiguió adelantarme, pero únicamente para sustituirme en mi posición tras el coche.
La chica debía de tener mucha mucha prisa, porque intentó adelantar al coche. Y eso que cualquier ciclista con dos dedos de frente sabe que es un peligro adelantar a un coche por una calle de un solo carril y con multitud de gente en las aceras (i.e la calle Hospital en el Raval). Yo la observaba desde detras, pensando: "esta tía es tonta; se va a caer".
Diez segundos después la ciclista ya no era ciclista, sino caidista. En un cruce con otra calle la ciclista se subió a la acera, adelantó al coche acortando por el chaflán y se incorporó de nuevo al asfalto, chocándose con otra ciclista que iba por allí tranquilamente. Se pegó una buena.
Lo pensé y se cayó. Me sentí incluso culpable. Tened cuidado. No me hagáis acumular culpa. Sed buenos, sobre todo conmigo. Estoy pensando.
miércoles, abril 25, 2007
Desidentificar la política
En la investigación biomédica se suele realizar un proceso llamado "desidentificación". Desidentificar unos datos implica alterar la información que estos contienen para que no sea posible identificar a quién pertenecen unas ciertas características, tejidos o resultados experimentales. Por ejemplo, si yo pido datos de pacientes esquizofrénicos, los recibo sin nombre y apellidos, y únicamente un número me indica la correspondencia entre el paciente y sus características. Así, yo puedo publicar mis resultados tranquilamente, y el paciente tiene garantizado que nadie más que él y su médico podrán acceder a sus datos.
Este proceso, que puede parecer entre obvio y absurdo al lego en la materia, es una de las grandes cuestiones en la biomedicina: nadie quiere que sus datos vayan circulando por allí (pueden caer por ejemplo en manos de la aseguradora); por otro lado, los científicos necesitan datos reales para poder investigar. Hay numerosos programas informáticos dedicados a desidentificar, solución que en la ciencia parece funcionar muy bien.
Hoy quería proponer lo siguiente: aplicar la desidentificación a la política. A continuación esbozo las consecuencias prácticas que esto tendría:
1. En las elecciones, uno no votaría a personas sino a unos nombres en clave, en base a sus propuestas y a su pasado. El pasado vendría representado por las leyes que han votado, sus acciones, condenas judiciales, etc, etc. Sus propuestas vendrían en un programa sin fotos, siglas, eslogans, ...
2. No se anunciaría el resultado de las elecciones. Así, los ciudadanos no estarían contentos o disgustados con el gobierno en base a si ellos le votaron o no, sino por sus actos y las consecuencias de estos. Esto implicaría, por supuesto, que no se conocería la supuesta ideología de tu gobernante del momento. De esta forma lo juzgaríamos por lo que está haciendo o diciendo, y la gente no apoyaría o atacaría al político de turno basándose en su afinidad por unas supuestas ideas.
3. Los periodistas, columnistas, opinadores, tertulianos y demás creadores de opinión emitirían sus juicios en base al hecho, y no tal y como lo hacen en la actualidad (¿necesito explicarlo?). Al no saber quién ha dicho o hecho algo, el tertuliano debería pararse a pensar cuál es su opinión verdadera sobre un asunto, en lugar de posicionarse automáticamente en función de sus preferencias políticas.
4. Las noticias serían mucho más aburridas, es cierto, pero creo que a cambio lograríamos gente con opinión formada y no autoimpuesta.
Este pensamiento aleatorio viene provocado por nuestros políticos y medios de comunicación. No necesito dar ejemplos porque todos los conocemos. Lo único que sé es que, últimamente, yo mismo me encuentro pensando a favor o en contra de los hechos en función de quién lo hizo, y no por lo que hizo. Si un personaje me cae mal, cualquier cosa que opine la criticaré simplemente porque salió de su boca. Y viceversa. Y esto me tiene muy preocupado. Yo, al menos, me doy cuenta... pero tengo la sensación de que la gran mayoría de la población comienza a tomarse la política como el fútbol: hay que animar a tu equipo haga lo que haga. Y eso, es muy peligroso. E incorrecto.
Despertémonos... hay que comenzar a pensar por nosotros mismos. Una forma de hacerlo es desidentificando las cosas. Supongo que las propuestas que he mencionado anteriormente aún tardarán unos años en aplicarse, así que mientras tanto el ejercicio es el siguiente: ante cualquier hecho (e.g. OPA de Endesa; juicio 11M; ley dependencia; nacionalismo; ...) hay que preguntarse qué pensaría uno mismo si los protagonistas intercambiaran los papeles. Por ejemplo, si oyes a alguien diciendo "... porque mi país es el mejor ..." no lo odiarías/amarías en función de si se refiere a España o Cataluña, sino de tú opinión personal sobre pensar que alguien es mejor por ser de un país concreto; o si un señor denuncia injerencias del presidente del gobierno, no te parecería bien/mal en función de si es Aznar (y sus célebres directivos de confianza) o Zapatero (y su célebre OPA). Y así, hasta el infinito. Esta mañana mismo, escuchando mis dos emisoras de radio habituales, he oído defender/atacar casos que hace cinco años atacaron/defendieron en situaciones idénticas. Siempre en función de lo que les interesaba, claro. ¡Que asco!
Por eso, y hasta que logre que desidentificar la política de forma definitiva, cada uno debería comenzar a entrenarse a hacerlo el mismo. Por lo pronto, yo voy a comenzar a programar un filtro informatico que colocado en la oreja haga el papel de desidentificador.
Nota: sí, ya sé que mis posts son cada vez menos frecuentes. Hasta julio no creo que consiga aumentar la frecuencia, porque el día tiene 86400 segundos, y ahora mismo me veo obligado a dedicar la mayoría de ellos a esto.
Este proceso, que puede parecer entre obvio y absurdo al lego en la materia, es una de las grandes cuestiones en la biomedicina: nadie quiere que sus datos vayan circulando por allí (pueden caer por ejemplo en manos de la aseguradora); por otro lado, los científicos necesitan datos reales para poder investigar. Hay numerosos programas informáticos dedicados a desidentificar, solución que en la ciencia parece funcionar muy bien.
Hoy quería proponer lo siguiente: aplicar la desidentificación a la política. A continuación esbozo las consecuencias prácticas que esto tendría:
1. En las elecciones, uno no votaría a personas sino a unos nombres en clave, en base a sus propuestas y a su pasado. El pasado vendría representado por las leyes que han votado, sus acciones, condenas judiciales, etc, etc. Sus propuestas vendrían en un programa sin fotos, siglas, eslogans, ...
2. No se anunciaría el resultado de las elecciones. Así, los ciudadanos no estarían contentos o disgustados con el gobierno en base a si ellos le votaron o no, sino por sus actos y las consecuencias de estos. Esto implicaría, por supuesto, que no se conocería la supuesta ideología de tu gobernante del momento. De esta forma lo juzgaríamos por lo que está haciendo o diciendo, y la gente no apoyaría o atacaría al político de turno basándose en su afinidad por unas supuestas ideas.
3. Los periodistas, columnistas, opinadores, tertulianos y demás creadores de opinión emitirían sus juicios en base al hecho, y no tal y como lo hacen en la actualidad (¿necesito explicarlo?). Al no saber quién ha dicho o hecho algo, el tertuliano debería pararse a pensar cuál es su opinión verdadera sobre un asunto, en lugar de posicionarse automáticamente en función de sus preferencias políticas.
4. Las noticias serían mucho más aburridas, es cierto, pero creo que a cambio lograríamos gente con opinión formada y no autoimpuesta.
Este pensamiento aleatorio viene provocado por nuestros políticos y medios de comunicación. No necesito dar ejemplos porque todos los conocemos. Lo único que sé es que, últimamente, yo mismo me encuentro pensando a favor o en contra de los hechos en función de quién lo hizo, y no por lo que hizo. Si un personaje me cae mal, cualquier cosa que opine la criticaré simplemente porque salió de su boca. Y viceversa. Y esto me tiene muy preocupado. Yo, al menos, me doy cuenta... pero tengo la sensación de que la gran mayoría de la población comienza a tomarse la política como el fútbol: hay que animar a tu equipo haga lo que haga. Y eso, es muy peligroso. E incorrecto.
Despertémonos... hay que comenzar a pensar por nosotros mismos. Una forma de hacerlo es desidentificando las cosas. Supongo que las propuestas que he mencionado anteriormente aún tardarán unos años en aplicarse, así que mientras tanto el ejercicio es el siguiente: ante cualquier hecho (e.g. OPA de Endesa; juicio 11M; ley dependencia; nacionalismo; ...) hay que preguntarse qué pensaría uno mismo si los protagonistas intercambiaran los papeles. Por ejemplo, si oyes a alguien diciendo "... porque mi país es el mejor ..." no lo odiarías/amarías en función de si se refiere a España o Cataluña, sino de tú opinión personal sobre pensar que alguien es mejor por ser de un país concreto; o si un señor denuncia injerencias del presidente del gobierno, no te parecería bien/mal en función de si es Aznar (y sus célebres directivos de confianza) o Zapatero (y su célebre OPA). Y así, hasta el infinito. Esta mañana mismo, escuchando mis dos emisoras de radio habituales, he oído defender/atacar casos que hace cinco años atacaron/defendieron en situaciones idénticas. Siempre en función de lo que les interesaba, claro. ¡Que asco!
Por eso, y hasta que logre que desidentificar la política de forma definitiva, cada uno debería comenzar a entrenarse a hacerlo el mismo. Por lo pronto, yo voy a comenzar a programar un filtro informatico que colocado en la oreja haga el papel de desidentificador.
Nota: sí, ya sé que mis posts son cada vez menos frecuentes. Hasta julio no creo que consiga aumentar la frecuencia, porque el día tiene 86400 segundos, y ahora mismo me veo obligado a dedicar la mayoría de ellos a esto.
jueves, abril 19, 2007
¿Cuándo se convierten las cosas en obvias?
En un artículo científico del año 1995 que he tenido que consultar hoy, me ha llamado la atención el siguiente texto:
To provide easy and broad access, we have made the scop database available as a set of tightly coupled hypertext pages on the world wide web (WWW). This allows it to be accessed by any machine on the internet (including Macintoshes, PCs and work-stations) using free WWW reader programs, such as Mosaic (Schatz & Hardin, 1994). Once such a program has been started, it is necessary only to ‘‘open’’ URL:
Actualmente, sería inimaginable que alguien describiera en un artículo "by any machine on the internet (including Macintoshes, PCs and work-stations)" o "using free WWW reader programs" o incluso "necessary only to ‘‘open’’ URL". Si alguien explicara que las páginas web se pueden ver con cualquier tipo de ordenador, nos quedaríamos mirándole con cara de sorpresa, porque todo esto ha pasado a formar parte de eso-que-se-da-por-sabido. Y sólo han pasado 12 años.
¿Qué hay actualmente que necesitemos describir en detalle al explicarlo y que sin embargo dentro de 10 años pertenecerá al dominio de lo obvio?
A mí no se me ocurre ninguna idea... (seguramente porque me tengo que ir y no le he dedicado más de 3 segundos a pensarlo).
To provide easy and broad access, we have made the scop database available as a set of tightly coupled hypertext pages on the world wide web (WWW). This allows it to be accessed by any machine on the internet (including Macintoshes, PCs and work-stations) using free WWW reader programs, such as Mosaic (Schatz & Hardin, 1994). Once such a program has been started, it is necessary only to ‘‘open’’ URL:
http://scop.mrc-lmb.cam.ac.uk/scop/
to obtain the ‘‘home’’ page level of the database.Actualmente, sería inimaginable que alguien describiera en un artículo "by any machine on the internet (including Macintoshes, PCs and work-stations)" o "using free WWW reader programs" o incluso "necessary only to ‘‘open’’ URL". Si alguien explicara que las páginas web se pueden ver con cualquier tipo de ordenador, nos quedaríamos mirándole con cara de sorpresa, porque todo esto ha pasado a formar parte de eso-que-se-da-por-sabido. Y sólo han pasado 12 años.
¿Qué hay actualmente que necesitemos describir en detalle al explicarlo y que sin embargo dentro de 10 años pertenecerá al dominio de lo obvio?
A mí no se me ocurre ninguna idea... (seguramente porque me tengo que ir y no le he dedicado más de 3 segundos a pensarlo).
martes, abril 17, 2007
Fomentando mi lateralidad
Mi osteópata me ha dicho que tengo que fomentar mi lateralidad. Por lo visto, soy muy bilateral, y eso no es nada bueno.
A mí no me importan demasiado convertirme en una persona más lateral, pero los ejercicios que mi osteópata me ha recomendado hacer una vez cada hora no son adecuados para mi vida social. Mis compañeros de trabajo me miran raro; en el autobús la gente (fundamentalmente las mujeres) evitan entrar en contacto conmigo; mis amigos fingen no conocerme cuando me entreno a ser más lateral. Los comprendo (un poco), pero es que yo únicamente sigo las instrucciones de mi osteópata.
Transcribo sus palabras porque no me siento capaz de superarlas:
"Tú, te pones de pie cada hora y haces la postura de succión. Con una mano sujetas la teta imaginaria, te colocas al modo egipcio, pegas la cara contra la otra teta y la succionas. Es la vuelta a la posición más natural del hombre: la de mamar. Ya verás como pronto te sientes mejor."
Nota: Pondría un video de la representación que me hizo de la susodicha postura, pero me dio cosa sacar la cámara mientras me hablaba.
Alguien me ha propuesto que, aprovechando la pared libre de mi laboratorio, coloque allí un maniquí de goma que haga mi postura menos forzada. A mí no me parece mala idea, yo sólo deseo conseguir ser más lateral. Si alguien tiene un maniquí de sobras que me lo diga.
Gracias.
Nota: no es la primera vez que acudo a la medicina no convencional para sanarme... La historia de las semillas en mi oreja y la mochila llena de carne lo atestigua.
A mí no me importan demasiado convertirme en una persona más lateral, pero los ejercicios que mi osteópata me ha recomendado hacer una vez cada hora no son adecuados para mi vida social. Mis compañeros de trabajo me miran raro; en el autobús la gente (fundamentalmente las mujeres) evitan entrar en contacto conmigo; mis amigos fingen no conocerme cuando me entreno a ser más lateral. Los comprendo (un poco), pero es que yo únicamente sigo las instrucciones de mi osteópata.
Transcribo sus palabras porque no me siento capaz de superarlas:
"Tú, te pones de pie cada hora y haces la postura de succión. Con una mano sujetas la teta imaginaria, te colocas al modo egipcio, pegas la cara contra la otra teta y la succionas. Es la vuelta a la posición más natural del hombre: la de mamar. Ya verás como pronto te sientes mejor."
Nota: Pondría un video de la representación que me hizo de la susodicha postura, pero me dio cosa sacar la cámara mientras me hablaba.
Alguien me ha propuesto que, aprovechando la pared libre de mi laboratorio, coloque allí un maniquí de goma que haga mi postura menos forzada. A mí no me parece mala idea, yo sólo deseo conseguir ser más lateral. Si alguien tiene un maniquí de sobras que me lo diga.
Gracias.
Nota: no es la primera vez que acudo a la medicina no convencional para sanarme... La historia de las semillas en mi oreja y la mochila llena de carne lo atestigua.
viernes, abril 13, 2007
Sobre transformacion de caras
Viernes, viernetes, ...
Jaume, mi proveedor oficial de páginas web que no sirven para nada pero que te entretienen un rato, me ha enseñado yet-another-webpage donde hacen transformación de caras. Sin embargo, esta es la más divertida y original que he visto:
http://morph.cs.st-andrews.ac.uk//Transformer/
Por ejemplo, transforma tu cara en un cuadro de Modigliani:

O, si se lo pides, te convierte en un bello afrocubano:

También hay la transformación a Manga, a cuadro de El Greco, a un chimpance, a mujer, ... Allí las tenéis todas para probar con vuestra propia foto y decidir qué opción es la que más os favorece.
Lo que más me ha extrañado es que cuando le he dicho que me convirtiera a mujer, me ha dejado tal cual, ni siquiera me ha quitado esta barba de tres días que llevo (y que me hace extremadamente atractivo): ¿debo enfrentarme a la realidad de que no soy más que una mujer con barba (y que ni siquiera merece la pena que se afeite)?
Lo dicho, viernes, viernettes, ... me pongo un tanto tontete.
Jaume, mi proveedor oficial de páginas web que no sirven para nada pero que te entretienen un rato, me ha enseñado yet-another-webpage donde hacen transformación de caras. Sin embargo, esta es la más divertida y original que he visto:
http://morph.cs.st-andrews.ac.uk//Transformer/
Por ejemplo, transforma tu cara en un cuadro de Modigliani:

O, si se lo pides, te convierte en un bello afrocubano:

También hay la transformación a Manga, a cuadro de El Greco, a un chimpance, a mujer, ... Allí las tenéis todas para probar con vuestra propia foto y decidir qué opción es la que más os favorece.
Lo que más me ha extrañado es que cuando le he dicho que me convirtiera a mujer, me ha dejado tal cual, ni siquiera me ha quitado esta barba de tres días que llevo (y que me hace extremadamente atractivo): ¿debo enfrentarme a la realidad de que no soy más que una mujer con barba (y que ni siquiera merece la pena que se afeite)?
Lo dicho, viernes, viernettes, ... me pongo un tanto tontete.
jueves, abril 12, 2007
La miopía confirma la selección natural
La teoría más aceptada actualmente sobre cómo los seres vivos actuales han llegado a ser tal y como lo son hoy en día es la síntesis evolutiva moderna. Una parte importante de esta teoría es la selección natural, según la cual los seres más exitosos serán los que pasen sus características a las siguientes generaciones. Hasta hoy, la validez de la selección natural era discutida por algunos pseudocientíficos a base de mostrar casos que supuestamente demostraban los hechos que la susodicha teoría no alcanza a explicar, como el apéndice, el vuelo de las abejas o los miopes.
Hoy, me dispongo a echar abajo uno de esos contraejemplos: ayer descubrí que los miopes somos la mejor prueba de que la selección natural es cierta.
¿Y por qué?
Pongamos dos seres vivos como ejemplo, uno el ser vivo A (con la vista perfecta) y otro el ser vivo M (con una miopía exagerada). Primeramente, nos sentiríamos tentados a afirmar que A conseguirá reproducirse más (y mejor) que M, puesto que (i) todo el mundo sabe que los gafotas no son atractivos y (ii) hasta que se inventaron las gafas, M no veía tres en un burro, lo que le hacía menos competitivo que A a la hora de buscar pareja (y al salir a cazar). Sin embargo, ayer me di cuenta de que esa primera intuición no es válida: antes de salir de la ducha acerqué los ojos (y la vista) a la mampara de cristal y observé que no estaba precisamente limpia...
Porque es así: los miopes tenemos una ventaja evolutiva sobre los de vista perfecta, y esa es que no vemos la suciedad del baño, y por tanto nunca nos sentimos obligados a limpiarlo. Un miope entra y sale de la ducha (sin gafas, claro) sin percibir si hay pelos ajenos, hongos, manchas negras o restos de jabón. Y por tanto, entra en la ducha, se limpia, sale de la ducha y tiene el resto del día para reproducirse (o cazar). Sin embargo, una persona con la vista perfecta entrará en la ducha, quitará los pelos, luego frotará el plato y sacará el tenn bioalcohol, y si me apuráis, puede que incluso se resbale al intentar evitar algun microorganismo y se de un golpe en el trasero. Y mientras la persona de vista perfecta hace todas esas cosas (además, luego seguro que tiene que fregar el suelo porque había pelusas), todos los miopes de la ciudad ya están en la calle; y claro, los miopes no van a esperar a que Mr./Mss. vista perfecta acabe sus tareas, y se entregan a la reproducción con fruición y empeño (y a la caza). Y así, los miopes no sólo no desaparecen del mundo sino que se extienden de manera imparable: ¿no os habéis fijado que cada vez hay más gente con gafas (o lentillas)?
Apuesto lo que queráis a que nadie antes se había planteado el porqué de esa proliferación de la miopía, pero a partir de ahora ya hay una teoría a la que acudir: la selección natural. Ésta nos confiere ventajas competitivas a los miopes, y dentro de 10 generaciones ya nadie tendrá vista perfecta; a cambio, la única desventaja es que los baños estarán un poco sucios, pero creo que el tiempo libre que eso conllevará será muy beneficioso para la felicidad (y reproducción) humana.
Hoy, me dispongo a echar abajo uno de esos contraejemplos: ayer descubrí que los miopes somos la mejor prueba de que la selección natural es cierta.
¿Y por qué?
Pongamos dos seres vivos como ejemplo, uno el ser vivo A (con la vista perfecta) y otro el ser vivo M (con una miopía exagerada). Primeramente, nos sentiríamos tentados a afirmar que A conseguirá reproducirse más (y mejor) que M, puesto que (i) todo el mundo sabe que los gafotas no son atractivos y (ii) hasta que se inventaron las gafas, M no veía tres en un burro, lo que le hacía menos competitivo que A a la hora de buscar pareja (y al salir a cazar). Sin embargo, ayer me di cuenta de que esa primera intuición no es válida: antes de salir de la ducha acerqué los ojos (y la vista) a la mampara de cristal y observé que no estaba precisamente limpia...
Porque es así: los miopes tenemos una ventaja evolutiva sobre los de vista perfecta, y esa es que no vemos la suciedad del baño, y por tanto nunca nos sentimos obligados a limpiarlo. Un miope entra y sale de la ducha (sin gafas, claro) sin percibir si hay pelos ajenos, hongos, manchas negras o restos de jabón. Y por tanto, entra en la ducha, se limpia, sale de la ducha y tiene el resto del día para reproducirse (o cazar). Sin embargo, una persona con la vista perfecta entrará en la ducha, quitará los pelos, luego frotará el plato y sacará el tenn bioalcohol, y si me apuráis, puede que incluso se resbale al intentar evitar algun microorganismo y se de un golpe en el trasero. Y mientras la persona de vista perfecta hace todas esas cosas (además, luego seguro que tiene que fregar el suelo porque había pelusas), todos los miopes de la ciudad ya están en la calle; y claro, los miopes no van a esperar a que Mr./Mss. vista perfecta acabe sus tareas, y se entregan a la reproducción con fruición y empeño (y a la caza). Y así, los miopes no sólo no desaparecen del mundo sino que se extienden de manera imparable: ¿no os habéis fijado que cada vez hay más gente con gafas (o lentillas)?
Apuesto lo que queráis a que nadie antes se había planteado el porqué de esa proliferación de la miopía, pero a partir de ahora ya hay una teoría a la que acudir: la selección natural. Ésta nos confiere ventajas competitivas a los miopes, y dentro de 10 generaciones ya nadie tendrá vista perfecta; a cambio, la única desventaja es que los baños estarán un poco sucios, pero creo que el tiempo libre que eso conllevará será muy beneficioso para la felicidad (y reproducción) humana.
martes, abril 10, 2007
Gutierrez
Lo primero que hacía Gutierrez al levantarse cada mañana era ir a la página web de su periódico favorito para leer los improperios, todavía frescos, que los columnistas lanzaban ese día contra los dirigentes del partido político que, según Gutierrez y los citados columnistas, era Satanás personificado en la tierra. Allí, se deleitaba con cada palabra, aspiraba cada mentira, sonreía con cada ironía y se enfurecía con los continuos errores que el gobierno cometía cada día. Gutierrez, en la intimidad de su casa y bajo la sombra de su ADSL a 20 MB, se confesaba a sí mismo en voz muy baja, casi murmurando, que se estaba volviendo un tanto masoquista: disfrutaba más con los errores ajenos que con los aciertos propios. Más tarde, después de las noticias de las nueve en su emisora de radio favorita, se iba a trabajar.
Gutierrez no era de los que se limitaba a leer y escuchar únicamente los medios de comunicación afines a su ideología. A veces, en su coche, durante la publicidad del programa de su locutor fetiche, cambiaba a la cadena del gobierno y se enfurecía con las mentiras que ésta lanzaba contra la oposición, con las descripciones inventadas de los logros del gobierno y con las cada vez más frecuentes descalificaciones dirigidas contra los que como él, tenían una ideología diferente.
Un día, allá por Navidades, en uno de esos cambios de emisora, escuchó cómo el locutor hablaba de la exitosa implantación del carnet por puntos, y de cómo éste había reducido notablemente el número de muertos en la carretera. Gutierrez, como todo buen creyente absoluto de una única idea, se revolvió en su asiento: "se lo están inventando". Más tarde, en el trabajo, Gutierrez se permitió una pequeña pausa para verificar que, efectivamente, sus odiados periodistas se habían inventado una vez más un éxito del gobierno. Pero, por mucho que tecleó diferentes combinaciones de palabras clave, no logró encontrar ni una sola confirmación de sus sospechas. Eso le enfureció mucho más de lo habitual: "no puede ser; no puede ser que Satanás haya hecho algo bueno".
Con el paso de los días el carnet por puntos se convirtió en su obsesión. Poco a poco, las noticias políticas dejaron de tener importancia para él, y ni siquiera las nuevas provocaciones del gobierno le producían esos pequeños escalofríos que tanto le gustaban antes. En el bar, mientras se tomaba su cafe matinal, dejó de prestar atención a sus compañeros de ideología, y tampoco estiraba la oreja para ver si conseguía captar alguna burrada de esos incultos jubilados a los que una vez oyó criticar la guerra de Irak. Al cabo de unas semanas Gutierrez llegó a un punto de obsesión en el que únicamente una cosa le interesaba: no podía ser que el carnet por puntos estuviera siendo un éxito.
Llegó la semana santa, las colas en las carreteras y los días de vacaciones. Ese lunes de sufrimiento y vuelta al trabajo, Gutierrez no se presentó en la oficina. Su jefe se extrañó, porque Gutierrez casi nunca faltaba, no era de esos vagos que abusaban de las bajas laborales a base de enfermedades finjidas, y cuando realmente estaba tan mal que no podía trabajar, como con aquella gripe intestinal del año anterior, llamaba a primera hora de la mañana para avisar que no iría ese día. Cuando el martes el jefe vio que Gutierrez tampoco estaba frente a su ordenador, le pidió a la secretaria que llamara a casa de su subordinado para ver qué ocurría.
Una hora más tarde la secretaria llamó a la puerta del despacho del jefe, temerosa de interrumpir la reunión pero convencida de que hacía lo que debía. El jefe la interrogó con su mirada desde su mesa, sin levantarse, y la secretaria habló: "es Gutierrez, señor director, he hablado con su sobrino y me ha dicho que se mató ayer en el coche, que se salió de la carretera y se llevó con él a otro coche y a sus cuatro ocupantes. Se murieron todos. Los cinco...". Luego, la secretaria salió llorando del despacho.
Esa noche, antes de irse a casa, el jefe de Gutierrez buscó la noticia del accidente. En uno de los periódicos, leyó: "103 muertos en las vacaciones de semana santa: fracasa el carnet por puntos del gobierno. El director de la dirección general de tráfico se había propuesto lograr una cifra de muertos inferior a 100, pero un accidente a última hora de ayer fustró su objetivo. P.G.C., natural de ...".
Nota: Gutierrez, en el paraíso reservado a los buenos creyentes absolutos, sonrió satisfecho para sí mismo: "je, je, je... ya lo decía yo: es un fracaso". Luego, dedicó su inmortal existencia a la contemplación de su propio logro.
Gutierrez no era de los que se limitaba a leer y escuchar únicamente los medios de comunicación afines a su ideología. A veces, en su coche, durante la publicidad del programa de su locutor fetiche, cambiaba a la cadena del gobierno y se enfurecía con las mentiras que ésta lanzaba contra la oposición, con las descripciones inventadas de los logros del gobierno y con las cada vez más frecuentes descalificaciones dirigidas contra los que como él, tenían una ideología diferente.
Un día, allá por Navidades, en uno de esos cambios de emisora, escuchó cómo el locutor hablaba de la exitosa implantación del carnet por puntos, y de cómo éste había reducido notablemente el número de muertos en la carretera. Gutierrez, como todo buen creyente absoluto de una única idea, se revolvió en su asiento: "se lo están inventando". Más tarde, en el trabajo, Gutierrez se permitió una pequeña pausa para verificar que, efectivamente, sus odiados periodistas se habían inventado una vez más un éxito del gobierno. Pero, por mucho que tecleó diferentes combinaciones de palabras clave, no logró encontrar ni una sola confirmación de sus sospechas. Eso le enfureció mucho más de lo habitual: "no puede ser; no puede ser que Satanás haya hecho algo bueno".
Con el paso de los días el carnet por puntos se convirtió en su obsesión. Poco a poco, las noticias políticas dejaron de tener importancia para él, y ni siquiera las nuevas provocaciones del gobierno le producían esos pequeños escalofríos que tanto le gustaban antes. En el bar, mientras se tomaba su cafe matinal, dejó de prestar atención a sus compañeros de ideología, y tampoco estiraba la oreja para ver si conseguía captar alguna burrada de esos incultos jubilados a los que una vez oyó criticar la guerra de Irak. Al cabo de unas semanas Gutierrez llegó a un punto de obsesión en el que únicamente una cosa le interesaba: no podía ser que el carnet por puntos estuviera siendo un éxito.
Llegó la semana santa, las colas en las carreteras y los días de vacaciones. Ese lunes de sufrimiento y vuelta al trabajo, Gutierrez no se presentó en la oficina. Su jefe se extrañó, porque Gutierrez casi nunca faltaba, no era de esos vagos que abusaban de las bajas laborales a base de enfermedades finjidas, y cuando realmente estaba tan mal que no podía trabajar, como con aquella gripe intestinal del año anterior, llamaba a primera hora de la mañana para avisar que no iría ese día. Cuando el martes el jefe vio que Gutierrez tampoco estaba frente a su ordenador, le pidió a la secretaria que llamara a casa de su subordinado para ver qué ocurría.
Una hora más tarde la secretaria llamó a la puerta del despacho del jefe, temerosa de interrumpir la reunión pero convencida de que hacía lo que debía. El jefe la interrogó con su mirada desde su mesa, sin levantarse, y la secretaria habló: "es Gutierrez, señor director, he hablado con su sobrino y me ha dicho que se mató ayer en el coche, que se salió de la carretera y se llevó con él a otro coche y a sus cuatro ocupantes. Se murieron todos. Los cinco...". Luego, la secretaria salió llorando del despacho.
Esa noche, antes de irse a casa, el jefe de Gutierrez buscó la noticia del accidente. En uno de los periódicos, leyó: "103 muertos en las vacaciones de semana santa: fracasa el carnet por puntos del gobierno. El director de la dirección general de tráfico se había propuesto lograr una cifra de muertos inferior a 100, pero un accidente a última hora de ayer fustró su objetivo. P.G.C., natural de ...".
Nota: Gutierrez, en el paraíso reservado a los buenos creyentes absolutos, sonrió satisfecho para sí mismo: "je, je, je... ya lo decía yo: es un fracaso". Luego, dedicó su inmortal existencia a la contemplación de su propio logro.
viernes, abril 06, 2007
La banana y Dios
Leo en el blog de Bernat de Deu (al que conocí en una fiestecilla que hicimos en la terraza del piso 42 del edificio de Alberto, bajo el Empire State) que hace un tiempo se ha 'estrenado' en Internet una web llamada GodTube. Como su nombre indica, es un YouTube dedicado a Dios; o más concretamente, al Dios cristiano-americano.
Entre las maravillas de la susodicha página web encontramos este video, que no tiene desperdicio:
Entre las maravillas de la susodicha página web encontramos este video, que no tiene desperdicio:
Para los que el inglés no es su fuerte, un resumen de lo que dice este hombre:
Y sí, aunque no os lo creáis, lo dice en serio. Y sí, aunque no os lo creáis, tiene su público, como ya expliqué en un post anterior.
Obviamente, este video puede dar lugar a todo tipo de imaginaciones, unas perversas, otras pervertidas, otras divertidas y otras todo al mismo tiempo. Las más obvias ya las habéis pensado al observar el video (¿cómo no se da cuenta el tío que habla que al abrir el platano y metérselo en la boca todo el mundo (repito: todo el mundo, tú también) está pensando en todo menos en un plátano?). Hay gente que ahora se dedica a hacer videos imitando al del plátano: por ejemplo, hay uno que ha conseguido demostrar la no existencia de Dios comiéndose una piña: no le cabe en la mano, pincha al sujetarla, no tiene abridor y no le cabe en la boca.
¡Tantos siglos discutiendo sobre si Dios existe o no y todo se reducía a intentar comerse una piña!
- les presentamos la pesadilla de los ateos: el plátano.
- el plátano y la mano están hechos el uno para el otro.
- pueden comprobar que el fabricante de la banana, Dios todopoderoso, la ha provisto de una superficie que no desliza, para que sea fácil sujetarla.
- si observan la parte superior, Dios, al igual que los fabricantes de latas de refrescos, ha dotado al plátano de un 'abridor'.
- observen que su parte superior esta diseñada de una forma que facilita su entrada en la boca.
- en serio, toda la creación testifica el genio diseñador de Dios.
Y sí, aunque no os lo creáis, lo dice en serio. Y sí, aunque no os lo creáis, tiene su público, como ya expliqué en un post anterior.
Obviamente, este video puede dar lugar a todo tipo de imaginaciones, unas perversas, otras pervertidas, otras divertidas y otras todo al mismo tiempo. Las más obvias ya las habéis pensado al observar el video (¿cómo no se da cuenta el tío que habla que al abrir el platano y metérselo en la boca todo el mundo (repito: todo el mundo, tú también) está pensando en todo menos en un plátano?). Hay gente que ahora se dedica a hacer videos imitando al del plátano: por ejemplo, hay uno que ha conseguido demostrar la no existencia de Dios comiéndose una piña: no le cabe en la mano, pincha al sujetarla, no tiene abridor y no le cabe en la boca.
¡Tantos siglos discutiendo sobre si Dios existe o no y todo se reducía a intentar comerse una piña!
lunes, abril 02, 2007
La verdadera democracia y su aplicación práctica
A veces, sobre todo en los días de lluvia, me gusta imaginar que los autobuses, en lugar de llevar pulsadores de petición de parada, llevan pulsadores para votar si 1) quieres parar; 2) no quieres parar; 3) te da igual parar. Si algún ayuntamiento hiciera caso a mi imaginación y pusiera esos pulsadores, lograrían implementar la verdadera democracia: si la mayoría de los pasajeros no quiere parar en la plaza de Colón, ¿por qué perder tiempo con esa parada en la que únicamente bajará una persona?
Así, ante el anuncio de nueva parada, todo el mundo emitiría su voto presionando el botón correspondiente. El conductor debería esperar a que faltaran diez segundos para llegar a la parada y entonces, mirar el resultado de la votación y en función de éste, continuar su camino o hacer la parada. Claro, habría que regularlo bien para no generar fricción entre los pasajeros. Las medidas básicas en las que puedo pensar ahora son: (i) anonimato del voto; (ii) necesidad de mayoría absoluta; (iii) segunda vuelta de votación para casos conflictivos (e.g. un niño que llega tarde a clase podría pedir el amparo del conductor, y éste sometería de nuevo la decisión a votación aportando el nuevo dato por la megafonía).
Esto sería muy facil de implementar en los autobuses. En realidad, lo que no entiendo es que no lo hayan puesto ya en funcionamiento. Además, haría más entretenidos y emocionantes los viajes en autobus, y los días de lluvia dejarían menos tiempo para pensar. Sin embargo, en otros ámbitos sería de aplicación un poco más complicada, pero sus efectos beneficiosos están más que claros.
Por ejemplo, me gustaría poder aplicar una idea similar a "fumar" versus "no fumar" en los bares. Actualmente, un bar establece si se puede fumar o no (i.e. lo que en este maravilloso país implica que siempre se puede fumar) pero sería mucho más justo si la gente votara en todo momento si ellos quieren que se pueda fumar o no. Un contador indicaría el estado de las votaciones, y los fumadores tendrían que esperar a tener mayoría (¿absoluta?) antes de encender un cigarrillo. Así, en el bar se fumaría o no en función de lo que la gente quisiera en ese momento.
Estoy seguro de que este tipo de votaciones, además de hacer más entretenida la existencia y mejorar nuestra calidad de vida, daría lugar a un nuevo tipo de relación social: yo, por ejemplo, iría mesa a mesa intentando convencer a la gente de votar para no fumar. Y el inmediato efecto secundario de esto sería que la gente hablaría más (e.g. ¿qué vas a votar?), se conocerían mejor (e.g. ¡ah! ¿tú también necesitas bajar en el paseo marítimo?) y se crearían más parejas (e.g. ya que ninguno fumamos y siempre nos bajamos en la misma parada, vivamos juntos); y a más parejas, más hijos (e.g. ya que vivimos juntos... ¿por qué no procrear?).
Europa se está quedando vieja, señoras y señores. Necesitamos aumentar el índice de natalidad. Ergo, implanten las propuestas que aquí he descrito, estimados políticos.
Nota: aunque no conscientemente, creo que este pensamiento aleatorio se debió empezar a generar cuando en mi anterior empresa, un compañero desarrolló una aplicación para que los clientes votaran en tiempo real sobre si las presentaciones que les hacíamos les gustaban o no. Os aseguro que no es agradable estar hablando y ver que la barra de aceptación del cliente comienza a ir hacia el rojo...
Así, ante el anuncio de nueva parada, todo el mundo emitiría su voto presionando el botón correspondiente. El conductor debería esperar a que faltaran diez segundos para llegar a la parada y entonces, mirar el resultado de la votación y en función de éste, continuar su camino o hacer la parada. Claro, habría que regularlo bien para no generar fricción entre los pasajeros. Las medidas básicas en las que puedo pensar ahora son: (i) anonimato del voto; (ii) necesidad de mayoría absoluta; (iii) segunda vuelta de votación para casos conflictivos (e.g. un niño que llega tarde a clase podría pedir el amparo del conductor, y éste sometería de nuevo la decisión a votación aportando el nuevo dato por la megafonía).
Esto sería muy facil de implementar en los autobuses. En realidad, lo que no entiendo es que no lo hayan puesto ya en funcionamiento. Además, haría más entretenidos y emocionantes los viajes en autobus, y los días de lluvia dejarían menos tiempo para pensar. Sin embargo, en otros ámbitos sería de aplicación un poco más complicada, pero sus efectos beneficiosos están más que claros.
Por ejemplo, me gustaría poder aplicar una idea similar a "fumar" versus "no fumar" en los bares. Actualmente, un bar establece si se puede fumar o no (i.e. lo que en este maravilloso país implica que siempre se puede fumar) pero sería mucho más justo si la gente votara en todo momento si ellos quieren que se pueda fumar o no. Un contador indicaría el estado de las votaciones, y los fumadores tendrían que esperar a tener mayoría (¿absoluta?) antes de encender un cigarrillo. Así, en el bar se fumaría o no en función de lo que la gente quisiera en ese momento.
Estoy seguro de que este tipo de votaciones, además de hacer más entretenida la existencia y mejorar nuestra calidad de vida, daría lugar a un nuevo tipo de relación social: yo, por ejemplo, iría mesa a mesa intentando convencer a la gente de votar para no fumar. Y el inmediato efecto secundario de esto sería que la gente hablaría más (e.g. ¿qué vas a votar?), se conocerían mejor (e.g. ¡ah! ¿tú también necesitas bajar en el paseo marítimo?) y se crearían más parejas (e.g. ya que ninguno fumamos y siempre nos bajamos en la misma parada, vivamos juntos); y a más parejas, más hijos (e.g. ya que vivimos juntos... ¿por qué no procrear?).
Europa se está quedando vieja, señoras y señores. Necesitamos aumentar el índice de natalidad. Ergo, implanten las propuestas que aquí he descrito, estimados políticos.
Nota: aunque no conscientemente, creo que este pensamiento aleatorio se debió empezar a generar cuando en mi anterior empresa, un compañero desarrolló una aplicación para que los clientes votaran en tiempo real sobre si las presentaciones que les hacíamos les gustaban o no. Os aseguro que no es agradable estar hablando y ver que la barra de aceptación del cliente comienza a ir hacia el rojo...
jueves, marzo 29, 2007
Dime qué vendes y te diré cómo eres
Hay numerosos refranes (yo me sé uno) que ilustran ese parecido que hay muchas veces entre lo que somos y lo que hacemos, qué comemos y qué pinta tenemos, con quién vamos y en qué nos convertiremos. Sin embargo, antes de pasar por el zoco de Meknes, Marruecos, yo no sabía que a uno, al cabo de muchos años, se le pone cara de lo que vende. Creo que no encontraréis un ejemplo más claro (click para ampliar):
miércoles, marzo 28, 2007
Suicidio masivo de insectos
Hay una especie de insectos que ha decidido sucididarse por completo. A imagen de la (falsa) leyenda de los famosos lemmings que, hartos de su existencia, se tiran por un precipicio, estos insectos (de verdad) han decidido suicidarse y no dejar rastro tras ellos. Yo no tendría mayor problema con esta actitud si hubieran elegido un sitio menos molesto para ir a morir, ya que siempre he pensado que si alguien está harto de su vida tiene todo el derecho a deshacerse de ella... Pero la verdad, que lo hagan en mi cocina no me hace ninguna gracia.
Cada mañana, cuando me levanto, lo primero que hago (después de ponerme las gafas) es ir a ver cuántos insectos se han suicidado durante la noche. Para ello no tengo que buscar por toda la casa, puesto que estos insectos siempre dejan su cadáver en el mismo lugar: la esquina superior izquierda de la madera que rodea a mi fregadera. Unos días son 3 y otros 17, pero siempre, siempre, sus pequeños cuerpos se acumulan en los escasos 2 centímetros cuadrados que forman la esquina de mi encimera.
Quizás he descubierto una especie de insecto nunca hasta ahora descrita. Eso sería un gran acontecimiento: una nueva especie (en vías de extinción, lógicamente, por culpa de su actitud) en pleno Raval. Creo que el procedimiento a seguir en estos casos es proveer de documentos gráficos que prueben la existencia del animal en cuestión y dar una breve explicación de sus constumbres. Además, por supuesto, recae en mí el honor de darle nombre.
Cada mañana, cuando me levanto, lo primero que hago (después de ponerme las gafas) es ir a ver cuántos insectos se han suicidado durante la noche. Para ello no tengo que buscar por toda la casa, puesto que estos insectos siempre dejan su cadáver en el mismo lugar: la esquina superior izquierda de la madera que rodea a mi fregadera. Unos días son 3 y otros 17, pero siempre, siempre, sus pequeños cuerpos se acumulan en los escasos 2 centímetros cuadrados que forman la esquina de mi encimera.
Quizás he descubierto una especie de insecto nunca hasta ahora descrita. Eso sería un gran acontecimiento: una nueva especie (en vías de extinción, lógicamente, por culpa de su actitud) en pleno Raval. Creo que el procedimiento a seguir en estos casos es proveer de documentos gráficos que prueben la existencia del animal en cuestión y dar una breve explicación de sus constumbres. Además, por supuesto, recae en mí el honor de darle nombre.
Nombre científico: Suicidirus ravalensis
Prueba gráfica:

Descripción: este bicho nace y luego viene directamente a morir a mi cocina. Por el camino hacia mi cocina supongo que se reproduce. O quizás, pero es una hipótesis en la que no quiero pensar, ¡se reproduce en mi misma cocina!
A veces, muy pocas, me levanto pronto y encuentro a alguno de estos insectos todavía vivo. He intentado comunicarme con ellos para saber por qué 1) han decidido morir y 2) han elegido mi casa para hacerlo, con la esperanza de convencerles de cambiar tal actitud (al menos, en el punto (2)). Nunca he tenido respuesta. También he intentado mantenerlos con vida en un tarro de cristal, para mostrarles que las cosas no están tan mal y que a pesar de las tesis, de nuestros políticos y de nuestros medios de comunicación, se puede ser feliz y evitar ir a caer muerto en una cocina. Nunca han sobrevivido al amanecer desde el tarro. Esta misma mañana he aplicado mi último recurso: he llevado a uno de ellos, ya agonizante, hacia el agujero que comunica mi casa con la de mi vecino, con la intención de que vean que hay muerte más allá de mi cocina.
(Voz de Feliz Rodriguez de la Fuente) Pero mañana tras mañana, preveemos que el Suicidirus ravalensis elejirá ir a sucidarse al lugar donde generaciones enteras de ellos han encontrado una muerte segura. Y nosotros, estaremos allí para contárselo. ¡Un cordial saludo!
A veces, muy pocas, me levanto pronto y encuentro a alguno de estos insectos todavía vivo. He intentado comunicarme con ellos para saber por qué 1) han decidido morir y 2) han elegido mi casa para hacerlo, con la esperanza de convencerles de cambiar tal actitud (al menos, en el punto (2)). Nunca he tenido respuesta. También he intentado mantenerlos con vida en un tarro de cristal, para mostrarles que las cosas no están tan mal y que a pesar de las tesis, de nuestros políticos y de nuestros medios de comunicación, se puede ser feliz y evitar ir a caer muerto en una cocina. Nunca han sobrevivido al amanecer desde el tarro. Esta misma mañana he aplicado mi último recurso: he llevado a uno de ellos, ya agonizante, hacia el agujero que comunica mi casa con la de mi vecino, con la intención de que vean que hay muerte más allá de mi cocina.
(Voz de Feliz Rodriguez de la Fuente) Pero mañana tras mañana, preveemos que el Suicidirus ravalensis elejirá ir a sucidarse al lugar donde generaciones enteras de ellos han encontrado una muerte segura. Y nosotros, estaremos allí para contárselo. ¡Un cordial saludo!
lunes, marzo 26, 2007
¿Hasta dónde vamos a llegar?
Siempre nos hemos reído de los estadounidenses por las típicas historietas (algunas leyendas urbanas, otras ciertas) en las que las empresas se ven obligadas a prevenir sobre peligros obvios en los manuales de instrucciones. Por ejemplo, la famosa (e inventada) señora que metió a su perro en el microondas o las grandes letras rojas que en el parasol de mi coche indicaban: "Attention, do not drive with the sunshade on".
Todos los que hemos vivido en EEUU tenemos nuestras historias al respecto, y bien que nos reímos, pero creo que haríamos bien en comenzar a mirarnos a nosotros mismos con esos ojos críticos. La última prueba, aquí:
Todos los que hemos vivido en EEUU tenemos nuestras historias al respecto, y bien que nos reímos, pero creo que haríamos bien en comenzar a mirarnos a nosotros mismos con esos ojos críticos. La última prueba, aquí:
Vale, admito que el potón no es el pez más conocido del mundo... pero, ¿hacía falta indicar en un paquete de pescado congelado que éste "contiene pescado"? Lo raro sería lo contrario, ¿no?, comprar pescado congelado y que allí pusiera "no contiene pescado".
¡Atención! ¡Stop! Acabo de buscar una foto del potón, y resulta que el bicho en cuestión es un calamar gigante:
Ahora ya no sé si el potón me sirve para refrendar mi argumento de que cada vez nos estamos volviendo más paranoicos... Es más, ahora no entiendo nada: ¿a quién se le ocurre comprar calamar gigante? ¿Quién tuvo la brillante idea de llamarle "potón" a este calamar? ¿un paquete de calamar gigante congelado tiene que llevar una indicación de que contiene pescado? ¿qué significa "pescado"?
pescado.
1. m. Pez comestible sacado del agua por cualquiera de los procedimientos de pesca.
¿Qué significa abadejo?
abadejo.
(Quizá de abad).
1. m. bacalao.
Por tanto, y dado que el potón no es un pez (y tampoco un bacalao, que yo sepa)... ¿para qué nos advierten de que contiene "pescado"? ¿Es esto una muestra de algo mucho más grave que lo que yo originalmente había concebido? Yo veía prevención innecesaria en ese letrero, pero ahora me veo obligado a preguntarme: ¿están intentando meternos miedo advirtiendo de que cosas que no contienen pescado sí que lo contienen? ¿van a poner "contiene pescado" en los cereales Kellogs? Y llevando el argumento al extremo: ¿van a comenzar a advertirnos sobre peligros que en realidad no son ciertos?
Necesito una explicación. La única en la que puedo pensar tras muchas horas dándole vueltas al asunto es que el calamar este come muchos peces, y por tanto, "contiene pescado". Pero la verdad, este argumento no me acaba de convencer... todavía no he visto ningún letrero en los filetes de ternera advirtiendo de que "contiene hierba".
Nota: ya sé, ha sido el post más caótico de mi existencia, pero cuando se rompen los planes previamente establecidos (i.e. escribir sobre la paranoia del etiquetaje preventivo) no soy el rey de la improvisación.
Necesito una explicación. La única en la que puedo pensar tras muchas horas dándole vueltas al asunto es que el calamar este come muchos peces, y por tanto, "contiene pescado". Pero la verdad, este argumento no me acaba de convencer... todavía no he visto ningún letrero en los filetes de ternera advirtiendo de que "contiene hierba".
Nota: ya sé, ha sido el post más caótico de mi existencia, pero cuando se rompen los planes previamente establecidos (i.e. escribir sobre la paranoia del etiquetaje preventivo) no soy el rey de la improvisación.
jueves, marzo 22, 2007
El Roto
Hacía tiempo que quería recomendar a "El Roto". Creo que es el mejor dibujante de viñetas que hay ahora mismo. Lo que más me impresiona no es que tenga días muy buenos, sino que prácticamente todos los días son espectaculares. Cualquiera que haga una cosa día a día sabe lo difícil que es mantener una calidad mínima. Y este hombre no sólo consigue esa calidad miníma sino que cada día pone el listón más alto. Sirvan dos ejemplos:


Lo podéis ver a diario, de forma gratuita, en la sección de viñetas de la página web de El Pais.


Lo podéis ver a diario, de forma gratuita, en la sección de viñetas de la página web de El Pais.
Nota: si Gary Larson siguiera dibujando The Far Side, creo que tendría el corazón partido al intentar decidir cuál es el mejor dibujante actual de viñetas. Claro, que se les puede nombrar ganadores a los dos a la vez, porque sus estilos son totalmente diferentes.
miércoles, marzo 21, 2007
Reproducirse sin sexo
En este artículo de la revista PLoS Biology estudian unos seres vivos (rotíferos deloides) que no necesitan del sexo para reproducirse.
Yo, después de la primera impresión de sorpresa ("vaya aburrimiento de vida"), me he sobrecogido de miedo con otro pensamiento: "como se enteren los obispos la llevamos buena...". Si la conferencia episcopal se entera (tenemos la suerte de tener los (dirigentes de) curas más santos de la curidad mundial) intuyo que pronto nos abrumarán con una nueva campaña mediática en la que tratarán de convencernos de que el sexo, además de pecado, es algo contra-natura: si unos simples rotíferos pueden tener hijitos sin recurrir a la lujuria, ¿cómo no vamos a poder hacer lo mismo nosotros?
Los científicos que han estudiado este bicho han desarrollado un modelo muy complejo para comprobar que, efectivamente, una especie puede evolucionar sin necesidad de que un individuo intercambie su código genético con otro individuo (o individua). Yo, si me hubieran avisado antes de lanzarse a este estudio, les hubiera ahorrado todo este trabajo. La solución era mucho más sencilla: si un bicho así de feo quiere ligar tiene que, por fuerza, buscarse la vida de formas no tradicionales...
Yo, después de la primera impresión de sorpresa ("vaya aburrimiento de vida"), me he sobrecogido de miedo con otro pensamiento: "como se enteren los obispos la llevamos buena...". Si la conferencia episcopal se entera (tenemos la suerte de tener los (dirigentes de) curas más santos de la curidad mundial) intuyo que pronto nos abrumarán con una nueva campaña mediática en la que tratarán de convencernos de que el sexo, además de pecado, es algo contra-natura: si unos simples rotíferos pueden tener hijitos sin recurrir a la lujuria, ¿cómo no vamos a poder hacer lo mismo nosotros?
Los científicos que han estudiado este bicho han desarrollado un modelo muy complejo para comprobar que, efectivamente, una especie puede evolucionar sin necesidad de que un individuo intercambie su código genético con otro individuo (o individua). Yo, si me hubieran avisado antes de lanzarse a este estudio, les hubiera ahorrado todo este trabajo. La solución era mucho más sencilla: si un bicho así de feo quiere ligar tiene que, por fuerza, buscarse la vida de formas no tradicionales...
Más información:
lunes, marzo 19, 2007
La bioinfórmatica, una ciencia de riesgo
He publicado (por invitación (de la editora (que es amiga (y que mandó un email invitándome a hacerlo (junto a otros 100 compañeros de trabajo))))) un artículo en una revista de divulgación científica: Omnis Cellula.

La versión que ha salido publicada es la traducción al catalán de mi texto original en castellano (Omnis Cellula está editada por la sociedad catalana de biología). Me han dado permiso para publicar aquí el artículo en castellano, y así responder de una vez por todas esa pregunta que tanta gente tiene siempre en mente: ¿qué hace un bioinformático cuando llega por la mañana al trabajo?. La idea original era hacer una introducción al mundo de la bioinfórmatica en 3-4 páginas, pero cuando me puse a escribirlo, me salió esto... Todavía no entiendo que aceptaran publicarlo... Por ahora, ya me he ganado alguna bronca de gente de mi departamento diciéndome que si sigo divulgando la ciencia de esta forma pronto nos quedaremos sin dinero...
Si alguien prefiere leerlo en un formato más cómodo (o quiere imprimirlo), he puesto una version PDF del artículo aquí: bioinformatica.pdf

La versión que ha salido publicada es la traducción al catalán de mi texto original en castellano (Omnis Cellula está editada por la sociedad catalana de biología). Me han dado permiso para publicar aquí el artículo en castellano, y así responder de una vez por todas esa pregunta que tanta gente tiene siempre en mente: ¿qué hace un bioinformático cuando llega por la mañana al trabajo?. La idea original era hacer una introducción al mundo de la bioinfórmatica en 3-4 páginas, pero cuando me puse a escribirlo, me salió esto... Todavía no entiendo que aceptaran publicarlo... Por ahora, ya me he ganado alguna bronca de gente de mi departamento diciéndome que si sigo divulgando la ciencia de esta forma pronto nos quedaremos sin dinero...
Si alguien prefiere leerlo en un formato más cómodo (o quiere imprimirlo), he puesto una version PDF del artículo aquí: bioinformatica.pdf
La bioinformática: una ciencia de riesgo
De nuestro corresponsal en las nubes, Antinoo Segura
cienciaalacarta@gmail.com
De nuestro corresponsal en las nubes, Antinoo Segura
cienciaalacarta@gmail.com
Siempre he envidiado a la gente que ante la pregunta “Y tú… ¿qué haces?” puede dar una respuesta sencilla. En una fiesta, o en el autobús, tanto si quieres intimar más con la persona que te ha dirigido esa pregunta como si quieres librarte de ella, lo mejor que uno puede hacer –a no ser que seas actor de éxito o una supermodelo- es pasar por encima de esa cuestión e intentar llevar a la otra persona a un tema de conversación más atractivo; o, en el caso contrario, mencionar rápidamente su oficio y salir corriendo. Por eso, siempre he envidiado a los que a ése “Y tú… ¿qué haces?” pueden responder con un simple “bombero” o “periodista”, o incluso “biólogo”. Y les envidio porque en mi caso, ante esa pregunta sólo existen dos posibilidades: mentir murmurando cualquier profesión que no genere dudas, o contestar la verdad y sufrir las consecuencias de hacerlo, ya que siempre que uno se decide por la segunda opción se ve abocado a una sucesión de acontecimientos de los que no suele venir nada bueno. Porque cuando uno contesta con la palabra mágica, “bioinformática”, los listillos suelen pensar que te dedicas a conectar animales a ordenadores y piden más información sobre el asunto, y los más humildes, simplemente exclaman un ¡ah!, miran a su alrededor en busca de una excusa, se dan la vuelta y desaparecen de tu vida para siempre. Y aunque no tengo datos que prueben esto científicamente, la experiencia me dice que existe una extraña anticorrelación entre el interés que una persona pone en la bioinformática y el interés que tú tienes en esa persona.
Por tanto, desde aquí yo quiero aconsejar a todos los bioinformáticos del mundo que, si tienen interés en seguir hablando con su interlocutor, al ser cuestionados sobre su profesión mientan descaradamente y contesten algo así como “busco una cura para enfermedades no contagiosas”. Y para esos casos en los que sus deseos de intimar con el otro tiendan a cero, nada más fácil que abrir mucho los ojos mientras se dice lentamente: “desarrollo programas en Perl sobre plataforma Linux”. Por si a pesar de este consejo aún queda algún bioinformático que prefiere ser honesto y decir la verdad, aquí esbozo unas ideas que quizás le ayuden a vestir de interés a su actividad laboral; o para esos otros casos, a hacerla parecer más aburrida de lo que en verdad es.
La bioinformática consiste en analizar, comprender y predecir procesos biológicos con la ayuda de herramientas computacionales. Otros autores han preferido definirla como la ciencia en la que uno usa datos en su mayoría erróneos para hacer predicciones –posiblemente falsas- sobre una realidad de la que apenas se conoce nada. A pesar de numerosos debates al respecto, los expertos todavía no se han puesto de acuerdo sobre cuál de estas dos definiciones responde mejor a la realidad. En cualquier caso, la bioinformática es una rama de la ciencia muy generosa con los que trabajan en ella, puesto que hagan lo que hagan siempre tienen la posibilidad de culpar a otros- los biólogos- de no haber hecho bien su trabajo. Y para esos pocos casos en los que los bioinformáticos deberían ser capaces de conseguir llegar a resultados satisfactorios, siempre viene en su socorro la segunda parte de su nombre: la informática. Cuando la evidencia del fracaso es total y no cabe culpar a un pobre biólogo –cuya única culpa es no entender el objeto de sus estudios-, o cuando lo que se ha prometido nunca llega, por la razón que sea, un bioinformático siempre puede alegar tranquilamente que, con la potencia de los ordenadores actuales, aún se tardarán años en lograr algo positivo, y que bien los informáticos se espabilan e incrementan la velocidad de los procesadores o ellos nunca podrán usar sus programas para algo útil. Como decíamos, la bioinformática es una ciencia muy agradecida con los que trabajan en ella: es imposible hacer las cosas mal.
Entre los afortunados que nunca se equivocan hay varios subtipos de científicos. Acudiendo al programa del “7th Spanish Symposium on Bioinformatics and Computacional Biology”, desarrollado recientemente en Zaragoza, podemos inferir que la bioinformática se divide en las siguientes areas: Computacional Genomics, Structural Bioinformatics, Systems Biology y Algorithms and Databases. Como imaginamos que entre los lectores habrá numerosas personas interesadas en introducirse en este maravilloso mundo en el que todos son felices y nadie se equivoca, vamos a proceder a una descripción detallada de cada subsección de la bioinformática, con el objetivo de que puedan elegir no sólo la rama de la ciencia más agradecida sino, en función de sus capacidades, el área concreta en la que trabajarán.
Típica imagen que se suele incluir en los artículos de bioinformática. En este caso, mostramos unos puntos unidos por líneas que a su vez se disponen concéntricamente de forma radial. En otras palabras: interacciones entre dominios estructurales de proteínas. Es de gran utilidad como fondo de pantalla o para hacer mantelitos individualesComputacional Genomics, Genomica Computacional o Genus Compus
Los bioinformaticus genomus son, entre los bioinformáticos, los hijos predilectos. Tienen la fortuna de trabajar en un problema que –según todos los periódicos, radios y televisiones del mundo- ya ha sido resuelto: el genoma. A pesar de que todos vimos en nuestras casas imágenes de científicos afirmando que el gran objetivo de la humanidad – descifrar el genoma humano- ya había sido cumplido, ellos, los bioinformáticos genómicos, continúan frente a sus ordenadores dedicados a tareas que parecen mantenerles muy ocupados. Quizás sea simplemente que quieren resolver el problema por segunda vez para asegurarse de que la primera no fue casualidad –como quien repite el mismo sudoku dos veces- pero entre los otros bioinformáticos se rumorea que su único propósito es evitar llamar la atención y así asegurarse de que nadie les plantee nuevos desafíos. Mientras tanto, siguen procesando ristras de nucleótidos a la búsqueda de nuevos genes, comparando genomas de diferentes especies para encontrar similitudes y diferencias, analizando qué es lo que nos hace estar condenados a sufrir una enfermedad desde antes de haber nacido o, finalmente, intentando descifrar los mecanismos que la vida utiliza para que de una sola célula acaben saliendo seres tan complejos como un bioinformático. Eso sí, la mayoría de sus energías se dedica siempre a luchar contra los medios de comunicación, empeñados en que hace tiempo que nos dijeron que todo esto ya había sido descubierto y que por tanto deberían pasar página y dedicarse a otros asuntos.
Structural Bioinformatics, Bioinformática Estructural o Estructurus
Al contrario que en el caso anterior, estos bioinformáticos están de suerte: no sólo nunca consiguen lo que buscan sino que nadie espera que lo hagan.
En el siglo pasado, uno de los primeros estructurus desarrolló un programa informático capaz de –hipotéticamente- predecir la estructura de una proteína a partir de su secuencia de aminoácidos y, desde entonces, la principal tarea de todos ellos ha consistido en quejarse continuamente sobre lo lentos que son los ordenadores. Únicamente sufren periodos de preocupación cuando algún político decide comprar un superordenador con el que hacerse una foto, ya que al existir una nueva supermáquina se ven obligados a probar de nuevo el programa. Pero esos periodos de incertidumbre no suelen ser muy largos, ya que incluso cuando el nuevo superordenador es diez mil veces más rápido que el anterior, el tiempo que el programa tarda en calcular si una proteína se plegará de una forma o de otra sigue superando la esperanza de vida del humano más joven. Y así, el bioinformático estructural puede volver a su rutina de quejarse sobre la ineptitud de los informáticos y seguir publicando artículos sobre lo maravilloso que sería su programa si le compraran un ordenador nuevo. Entre tantas, como efecto secundario de todos esos artículos, se descubren algunas moléculas útiles para curar enfermedades, o se logran descripciones más detalladas del funcionamiento de las proteínas. Pero, como ya hemos dicho, eso son minucias cuando se comparan con todo lo que lograrán cuando alguien ponga a su disposición un ordenador a la altura de su intelecto.
Systems Biology, Biología de Sistemas o Sistematicus Biologius
En este grupo se encuadran aquellos bioinformáticos que no saben muy bien cómo definir lo que hacen. La prueba de ello es que cada pocos años se cambian el nombre, con lo que cualquiera que les siga la pista se pierde irremediablemente y tiene que volver a comenzar desde cero su intento de comprenderles. Hace unos años se autodenominaban theoretical biology, hoy se hacen llamar systems biology y según declaraciones de última hora por parte de uno de ellos, mañana pasarán a responder por el nombre de synthetic biology. Su santo grial es la simulación de una célula en un ordenador, y al igual que los cruzados nunca dieron con el secreto de la inmortalidad, la célula también se está resistiendo a que la simulen. Si es cuestión de amor propio celular o de complejidad infinita todavía no está muy claro, pero los biólogos de sistemas siguen concentrados en su tarea sin pararse a hacerse demasiadas preguntas. Si alguien les pregunta por qué no se dedican a simular otras cuestiones más sencillas –como el crecimiento de las uñas- ellos contestan invariablemente que si hoy no sentamos las bases del futuro, ese futuro nunca llegará. Pero ya se sabe que la gente que dice estas cosas suele hacerlo porque están muy alejados del mundo real y no comprenden que lo único importante en esta sociedad en la que vivimos es producir hoy; mañana ya se verá. Los biólogos de sistemas no han debido de escuchar nunca esta máxima, ya que siguen empeñados en soñar con un futuro en el que el funcionamiento interno de cualquier ser vivo podrá ser reproducido con un ordenador.
Algorithms and Databases, Algoritmos y Bases de datos o Datus
Los bioinformáticos que no logran encajar en ninguno de los grupos anteriores tienden a acabar trabajando en algoritmos o en bases de datos. Su propósito es bastante loable: “ya que algunas cosas ya han sido totalmente resueltas y otras no lo serán hasta que se fabrique la madre de todos los ordenadores, me voy a dedicar a acumular datos y a imaginar formas de usarlos”. Así, con la colaboración de los biólogos experimentales y de los fabricantes de tecnologías relacionadas con la biología molecular, han logrado acumular ingentes cantidades de datos, que luego pueden ser utilizados para extraer conclusiones varias. Por ejemplo, hay bases de datos que contienen miles de registros que describen interacciones proteína-proteína, de los que, según estimaciones recientes, únicamente alrededor del 50% son falsos.
Lo mejor para los que hacen las bases de datos es que como no son ellos los que introducen la información, pueden echar balones fuera. Para los que desarrollan los algoritmos su tranquilidad es que, gracias a que los biólogos tampoco están muy seguros de cómo funcionan las cosas, siempre pueden afirmar que sus resultados son malos únicamente en apariencia, y que ellos están describiendo una realidad que todavía no ha sido descubierta. En cualquier caso, sin bases de datos –Uniprot, PDB, …- o algoritmos –Blast, análisis de microarrays, …-, ningún biólogo experimental podría trabajar hoy en día, y eso convierte a este grupo de bioinformáticos en fundamentales para nuestra especie.
Otra típica imagen bioinformática, fundamental en cualquier articulo o programa de televisión que verse sobre este tema: en la misma podemos observar dos proteínas interaccionando, representadas a partir de la imagen obtenida al pasar rayos X por un cristal. Advertencia: era un cristal especial, no intentar con los vasos Duralex de casa.Estos son los cuatro submundos de la bioinformática, cada uno con sus logros y sus excusas, como cualquier otra actividad humana. Uno de los aspectos más interesantes de la bioinformática es la batalla continua entre los diferentes subgrupos por ser los que “están de moda”. Los que trabajan en los genomas organizan continuamente ruedas de prensa en las que anuncian que han vuelto a descubrir lo que se suponía que ya estaba descubierto. Esto es aprovechado por los biólogos de sistema para demostrar que el genoma ya esta demodé y que ahora lo que se lleva es “a cell in a computer”. A los que hacen las bases de datos les da un poco igual quién consigue el dinero, puesto que siempre les necesitarán. Y los bioinformáticos estructurales no entran en estas luchas porque pertenecen a un mundo aparte, en el que lo importante no es estar de moda o no, sino convencer a los políticos de que su fotogenia mejora mucho cuando se colocan junto a un gigantesco ordenador con luces azules y verdes.
Por si llegado este punto el lector sigue sin comprender muy bien qué es la bioinformática, o en el caso de que todavía no haya conseguido extraer de la bioinformática ese alma mágica que le hará triunfar en fiestas y concursos televisivos ante la pregunta “Y tú… ¿qué haces?” , vamos a finalizar este artículo con una de esas frases que permanecen en la mente de las personas durante años, una de esas metáforas que explican la realidad mejor que ella –la realidad- misma: ”la bioinformática es a la biología lo que la azada al agricultor: sin ella sería imposible cavar los surcos donde, llegada la primavera, crecerán las borrajas. Además, para sobrellevar mejor esos años de sequía y escasez, siempre se puede jugar a ver quién lanza la azada más lejos; y a veces, del golpe, se descubre una patata que había permanecido enterrada”.
---.---
Si alguien se ha quedado con ganas de saber más todavía sobre la bioinformática, la wikipedia es un buen punto donde comenzar su propia exploración: http://en.wikipedia.org/wiki/Bioinformatics .
viernes, marzo 16, 2007
Lasagna de vegetales y setas al queso azul
Con peligro de que mamá me riña por meterme en terrenos ajenos, hoy toca una receta...
[¿por qué los viernes nos sentimos con derecho a hablar de temas más ligeros?]
[Ummm... yo siempre hablo de temas ligeros]


Ingredientes
1. Haz un sofrito con el calabacín a rodajas, el bacon a tacos, las setas a láminas, las cebollas cortadas finas y el brócoli en mini-arbolitos. El ordén de echar a la sarten es: cebollas, bacon, setas, calabacín y brócoli. Un minuto después de echar el brócoli, retirar la sarten y guardar.
2. Haz la bechamel en modo papilla. Si no tienes tomate frito de verdad, haz también un machacaó de tomates con un poquito de aceite, sal y azucar.
3. Pon a calentar el horno: 200-210 grados.
4. En una fuente rectangular, coloca las placas de lasagna sobre la base. Cubre las placas con bechamel, sin pasarte. Luego, ve intercalando capas de sofrito, placas de pasta, salsa de tomate (o machacaó de tomates), bechamel y queso azul, hasta llegar a un dedo de la parte superior de la fuente. La última capa es de placas de pasta, y estas van cubiertas de bechamel primero, por unas manchas de tomate frito después y, finalmente, por queso emmental rallado.
5. Mete la fuente en el horno, espera frente al horno durante 15 minutos (no te muevas). Pon la posición grill si es que la tienes (en mi caso, no es una posibilidad), y cuando la cubierta esté tostadita (se mira sin abrir el horno, que si no se escapa el calor), fuera y a comer.
6. La lasagna se congela muy bien, así que el objetivo es que sobre: no ofrezcas repetir a tus invitados.
[¿por qué los viernes nos sentimos con derecho a hablar de temas más ligeros?]
[Ummm... yo siempre hablo de temas ligeros]
LASAGNA DE VEGETALES Y SETAS AL QUESO AZUL
Ingredientes
- Placas de lasagna (1 paquete de la que no hay que cocer antes)
- Harina (2-3 cucharadas soperas)
- Leche (1 litro)
- Sal (1 pellizco)
- Calabacín (2)
- Brócoli (1)
- Cebollas (2)
- Bacon (a tacos)
- Setas (boletus, japonesas o simples champis)
- Queso azul (deshacer a grumos 150 gramos)
- Queso emmental (rallar 150 gramos)
- Tomate frito (por favor: no utilices una marca comercial)
- Tomates naturales (para poner en lugar de tomate frito comercial)
1. Haz un sofrito con el calabacín a rodajas, el bacon a tacos, las setas a láminas, las cebollas cortadas finas y el brócoli en mini-arbolitos. El ordén de echar a la sarten es: cebollas, bacon, setas, calabacín y brócoli. Un minuto después de echar el brócoli, retirar la sarten y guardar.
2. Haz la bechamel en modo papilla. Si no tienes tomate frito de verdad, haz también un machacaó de tomates con un poquito de aceite, sal y azucar.
3. Pon a calentar el horno: 200-210 grados.
4. En una fuente rectangular, coloca las placas de lasagna sobre la base. Cubre las placas con bechamel, sin pasarte. Luego, ve intercalando capas de sofrito, placas de pasta, salsa de tomate (o machacaó de tomates), bechamel y queso azul, hasta llegar a un dedo de la parte superior de la fuente. La última capa es de placas de pasta, y estas van cubiertas de bechamel primero, por unas manchas de tomate frito después y, finalmente, por queso emmental rallado.
5. Mete la fuente en el horno, espera frente al horno durante 15 minutos (no te muevas). Pon la posición grill si es que la tienes (en mi caso, no es una posibilidad), y cuando la cubierta esté tostadita (se mira sin abrir el horno, que si no se escapa el calor), fuera y a comer.
6. La lasagna se congela muy bien, así que el objetivo es que sobre: no ofrezcas repetir a tus invitados.
jueves, marzo 15, 2007
Stupid designs (II)
Uno de los primeros posts de mi historia bloguera fue a propósito de la cantidad de objetos mal diseñados que hay en el mundo, y en particular los auriculares que me compré en Nueva York: el hueco para las orejas era más pequeño que las propias orejas. Después de ese post recibí algún que otro email sugiriendo que quizás mis orejas no eran tan 'standard' como yo pensaba que eran. Nunca contesté a esas personas, y nunca más voy a hablar con ellas.
Los auriculares eran un buen ejemplo de objeto mal diseñado, pero hay que admitir una cosa: existen algunos auriculares que están bien diseñados y además funcionan. Sin embargo, y enganchando con la teoría de la incompetencia que esbocé el otro día, creo que estaréis de acuerdo conmigo en que a lo largo de la evolución se ha producido una concentración de diseñadores incompetentes alrededor de un objeto al que todos nos enfrentamos día a día: el dispensador de papel para secar las manos en el baño.
¿Alguien se ha encontrado alguna vez un dispensador de papel que funcione correctamente? No hablo de que haya papel en él, cosa harto improbable, sino que teniendo papel, sea fácil sacar la cantidad necesaria para secarse las manos, ni más, ni menos. Yo todavía no he encontrado el dispensador perfecto, y eso que me he enfrentado a multitud de ellos a lo largo de mi vida. De estos, todos malos, he inferido los tres tipos en los que se pueden clasificar:
Por otro lado, odio los secadores de manos a base de aire caliente. Sí, tengo una vida muy problemática.
Los auriculares eran un buen ejemplo de objeto mal diseñado, pero hay que admitir una cosa: existen algunos auriculares que están bien diseñados y además funcionan. Sin embargo, y enganchando con la teoría de la incompetencia que esbocé el otro día, creo que estaréis de acuerdo conmigo en que a lo largo de la evolución se ha producido una concentración de diseñadores incompetentes alrededor de un objeto al que todos nos enfrentamos día a día: el dispensador de papel para secar las manos en el baño.
¿Alguien se ha encontrado alguna vez un dispensador de papel que funcione correctamente? No hablo de que haya papel en él, cosa harto improbable, sino que teniendo papel, sea fácil sacar la cantidad necesaria para secarse las manos, ni más, ni menos. Yo todavía no he encontrado el dispensador perfecto, y eso que me he enfrentado a multitud de ellos a lo largo de mi vida. De estos, todos malos, he inferido los tres tipos en los que se pueden clasificar:
- el dispensador que cuando estiras de un papel te caen diez. Te secas con uno y luego, depositas el resto en la encimera para que alguien los utilice en el futuro, sabiendo que nadie cogerá un papel de la encimera y acabarán mojados y desechos hasta convertirse en pasta de papel.
- el dispensador que cuando estiras de un papel se atasca. Luego, estiras con todas tus fuerzas hasta lograr sacar un jirón de papel. Luego, continuas estirando y a base de jirones te secas las manos. Luego, estiras por última vez y cae todo el papel que había almacenado en el dispensador. Lo dejas sobre la encimera a esperar que se moje y deshaga.
- el dispensador en el que hay papel pero no puedes acceder a él. Metes los dedos por la ranura, pero no consigues estirar del papel. Intentas hacer girar la rueda que arrastra el papel hacia fuera, pero no engancha. Finalmente, consigues hacer asomar el papel por la ranura, pero cuando lo agarras el papel se rompe. Luego, te secas las manos en el pantalón.
Por otro lado, odio los secadores de manos a base de aire caliente. Sí, tengo una vida muy problemática.
martes, marzo 13, 2007
Por lo tanto, infiero que los hombres son unos guarros
En nuestro nuevo edificio, el baño es mixto. Es decir, los chicos y las chicas, los hombres y las mujeres, compartimos lavabos y retretes. Además, siendo un baño mixto, no hay mingitorios.
Hasta aquí, cosas de los tiempos modernos y la igualdad entre sexos (es decir: del ahorro de espacio "improductivo"). En unas semanas todos nos hemos acostumbrado y pienso que ahora nadie tiene demasiados problemas con la cuestión. Sin embargo, creo que todavía no se ha dado el caso de que un chico y una chica hablen desde sus respectivos tronos... Todo se andará.
Pero hay más: en este baño mixto del que hablo, hay tres habitáculos con sus correspondientes tres retretes (por si alguien no se había fijado: habitaculo -> habita culo -> retrete). Y en cada una de las puertas, se indica que tipo de personas pueden entrar:
Hasta aquí, cosas de los tiempos modernos y la igualdad entre sexos (es decir: del ahorro de espacio "improductivo"). En unas semanas todos nos hemos acostumbrado y pienso que ahora nadie tiene demasiados problemas con la cuestión. Sin embargo, creo que todavía no se ha dado el caso de que un chico y una chica hablen desde sus respectivos tronos... Todo se andará.
Pero hay más: en este baño mixto del que hablo, hay tres habitáculos con sus correspondientes tres retretes (por si alguien no se había fijado: habitaculo -> habita culo -> retrete). Y en cada una de las puertas, se indica que tipo de personas pueden entrar:
1:
2:
¡¡¡¡y 3!!!!:
Por lo tanto, infiero que los hombres son unos guarros.
¿Me equivoco en la interpretación de los signos?
Notas aleatorias:
¿Me equivoco en la interpretación de los signos?
Notas aleatorias:
- ¿Por qué no ponen un letrero con un retrete sólo para hombres y que así podamos ensuciarlo a gusto sin pensar que se puede dar la posibilidad de que una mujer entre en uno de los habitáculos marcados como bisex?
- ¿Quién decidió esta distribución? ¿Un hombre o una mujer?
- ¿Alguien tiene pruebas contundentes de la realidad de mi inferencia?
- En la práctica, creo que nadie respeta las señales: una ley universal dice que dados tres retretes y dos personas, estos siempre maximizarán la distancia entre ambos, pasando por encima de las reglas o señales.
- ¿Por qué nos han puesto a los hombres con la camiseta por encima del ombligo y sin pantalones? ¿Además de guarros somos exhibicionistas?
lunes, marzo 12, 2007
Ley universal de la incompetencia
La ley universal de la incompetencia establece que en todo lugar de trabajo hay, como mínimo, un incompetente. Además, por la subley de la ignorancia, el susodicho incompetente desconoce serlo.
Muchas veces en el discurrir del día, uno se pregunta: ¿cómo puede ser que esta persona haya llegado a la posición en la que está? Y, otras tantas veces, a esa pregunta le sigue otra aun más desesperada duda: ¿cuánto tiempo logrará esta persona continuar aquí sin que nadie le envíe hacia un lugar donde su incompetencia no genere tantos problemas? Un pensamiento paralelo muy frecuente sobre estas personas es: "si yo fuera jefe a éste le iban a ...".
La tentación de buscar soluciones es grande, sobre todo cuando uno es jefe. Por ejemplo, yo alguna vez he pensado en lo siguiente: juntemos a todos los incompetentes en un mismo lugar para minimizar los daños que producen. Por ejemplo, en lugar de distribuir los incompetentes por todas las oficinas de la administración, se podría pensar en ponerlos a todos en, digamos, el departamento de expedición de permisos de pesca. Así, uno sabría que fuera donde fuera no le iba a atender un incompetente, que las gestiones se resolverían rápidamente. El único inconveniente que esta solucion reportaría sería que sacarse el permiso de pesca se convertiría en algo totalmente imposible: incompetente tras incompetente nos iría exponiendo todas las causas por las que el permiso ya no se expedía en esa oficina. Por otra parte, los peces nos lo agradecerían. Esto mismo se puede llevar a un contexto de investigación científica: pongamos a todos los incompetentes en un mismo laboratorio, dedicados a investigar una cuestión común que no sea demasiado importante, como por ejemplo, el estudio bioinformático de las redes de interacciones entre proteínas. Así, aseguraríamos que se iba a producir un avance en todas las ramas de la ciencia menos en una.
Sin embargo, ninguna de estas soluciones funcionaría, porque según la ley universal de la incompetencia, en todo lugar de trabajo hay al menos un incompetente, y por tanto, aunque enviáramos a todos los incompetentes actuales a la oficina de expedición de permisos de pesca, o a hacer bioinformática, en cada lugar de trabajo aparecería un nuevo incompetente. Todavía no se sabe muy bien si el nuevo incompetente se crea o se transforma, o si aparece por simple cinética gasística de ocupación de los lugares vacíos, pero lo que está claro es que el incompetente no se destruye. En cualquier caso, una cosa es segura: acumular la incompetencia en un solo lugar simplemente hace reproducirse esa incompetencia en los lugares donde había desaparecido.
Visto lo visto, yo, sinceramente, prefiero seguir teniendo controlado al incompetente que me corresponde, y no arriesgarme a que este se vaya y surja uno nuevo. Ahora mismo en mi lugar de trabajo tenemos un problema, porque hace un tiempo echaron al más incompetente del departamento, y todavía no se sabe quién es su reemplazo. Quizás la teoría no se cumpla en todos los casos. Os mantendré informados. En cuanto sepa algo, os lo digo.
[Actualización: javifields me informa de que alguien ya había formulado un principio en esta linea: el principio de Peter. "En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia"]
Muchas veces en el discurrir del día, uno se pregunta: ¿cómo puede ser que esta persona haya llegado a la posición en la que está? Y, otras tantas veces, a esa pregunta le sigue otra aun más desesperada duda: ¿cuánto tiempo logrará esta persona continuar aquí sin que nadie le envíe hacia un lugar donde su incompetencia no genere tantos problemas? Un pensamiento paralelo muy frecuente sobre estas personas es: "si yo fuera jefe a éste le iban a ...".
La tentación de buscar soluciones es grande, sobre todo cuando uno es jefe. Por ejemplo, yo alguna vez he pensado en lo siguiente: juntemos a todos los incompetentes en un mismo lugar para minimizar los daños que producen. Por ejemplo, en lugar de distribuir los incompetentes por todas las oficinas de la administración, se podría pensar en ponerlos a todos en, digamos, el departamento de expedición de permisos de pesca. Así, uno sabría que fuera donde fuera no le iba a atender un incompetente, que las gestiones se resolverían rápidamente. El único inconveniente que esta solucion reportaría sería que sacarse el permiso de pesca se convertiría en algo totalmente imposible: incompetente tras incompetente nos iría exponiendo todas las causas por las que el permiso ya no se expedía en esa oficina. Por otra parte, los peces nos lo agradecerían. Esto mismo se puede llevar a un contexto de investigación científica: pongamos a todos los incompetentes en un mismo laboratorio, dedicados a investigar una cuestión común que no sea demasiado importante, como por ejemplo, el estudio bioinformático de las redes de interacciones entre proteínas. Así, aseguraríamos que se iba a producir un avance en todas las ramas de la ciencia menos en una.
Sin embargo, ninguna de estas soluciones funcionaría, porque según la ley universal de la incompetencia, en todo lugar de trabajo hay al menos un incompetente, y por tanto, aunque enviáramos a todos los incompetentes actuales a la oficina de expedición de permisos de pesca, o a hacer bioinformática, en cada lugar de trabajo aparecería un nuevo incompetente. Todavía no se sabe muy bien si el nuevo incompetente se crea o se transforma, o si aparece por simple cinética gasística de ocupación de los lugares vacíos, pero lo que está claro es que el incompetente no se destruye. En cualquier caso, una cosa es segura: acumular la incompetencia en un solo lugar simplemente hace reproducirse esa incompetencia en los lugares donde había desaparecido.
Visto lo visto, yo, sinceramente, prefiero seguir teniendo controlado al incompetente que me corresponde, y no arriesgarme a que este se vaya y surja uno nuevo. Ahora mismo en mi lugar de trabajo tenemos un problema, porque hace un tiempo echaron al más incompetente del departamento, y todavía no se sabe quién es su reemplazo. Quizás la teoría no se cumpla en todos los casos. Os mantendré informados. En cuanto sepa algo, os lo digo.
[Actualización: javifields me informa de que alguien ya había formulado un principio en esta linea: el principio de Peter. "En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia"]
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