jueves, marzo 29, 2007

Dime qué vendes y te diré cómo eres

Hay numerosos refranes (yo me sé uno) que ilustran ese parecido que hay muchas veces entre lo que somos y lo que hacemos, qué comemos y qué pinta tenemos, con quién vamos y en qué nos convertiremos. Sin embargo, antes de pasar por el zoco de Meknes, Marruecos, yo no sabía que a uno, al cabo de muchos años, se le pone cara de lo que vende. Creo que no encontraréis un ejemplo más claro (click para ampliar):

El carnicero de camellos y el camello; ¿parecido razonable?

miércoles, marzo 28, 2007

Suicidio masivo de insectos

Hay una especie de insectos que ha decidido sucididarse por completo. A imagen de la (falsa) leyenda de los famosos lemmings que, hartos de su existencia, se tiran por un precipicio, estos insectos (de verdad) han decidido suicidarse y no dejar rastro tras ellos. Yo no tendría mayor problema con esta actitud si hubieran elegido un sitio menos molesto para ir a morir, ya que siempre he pensado que si alguien está harto de su vida tiene todo el derecho a deshacerse de ella... Pero la verdad, que lo hagan en mi cocina no me hace ninguna gracia.

Cada mañana, cuando me levanto, lo primero que hago (después de ponerme las gafas) es ir a ver cuántos insectos se han suicidado durante la noche. Para ello no tengo que buscar por toda la casa, puesto que estos insectos siempre dejan su cadáver en el mismo lugar: la esquina superior izquierda de la madera que rodea a mi fregadera. Unos días son 3 y otros 17, pero siempre, siempre, sus pequeños cuerpos se acumulan en los escasos 2 centímetros cuadrados que forman la esquina de mi encimera.

Quizás he descubierto una especie de insecto nunca hasta ahora descrita. Eso sería un gran acontecimiento: una nueva especie (en vías de extinción, lógicamente, por culpa de su actitud) en pleno Raval. Creo que el procedimiento a seguir en estos casos es proveer de documentos gráficos que prueben la existencia del animal en cuestión y dar una breve explicación de sus constumbres. Además, por supuesto, recae en mí el honor de darle nombre.

Nombre científico: Suicidirus ravalensis

Prueba gráfica:

Descripción: este bicho nace y luego viene directamente a morir a mi cocina. Por el camino hacia mi cocina supongo que se reproduce. O quizás, pero es una hipótesis en la que no quiero pensar, ¡se reproduce en mi misma cocina!

A veces, muy pocas, me levanto pronto y encuentro a alguno de estos insectos todavía vivo. He intentado comunicarme con ellos para saber por qué 1) han decidido morir y 2) han elegido mi casa para hacerlo, con la esperanza de convencerles de cambiar tal actitud (al menos, en el punto (2)). Nunca he tenido respuesta. También he intentado mantenerlos con vida en un tarro de cristal, para mostrarles que las cosas no están tan mal y que a pesar de las tesis, de nuestros políticos y de nuestros medios de comunicación, se puede ser feliz y evitar ir a caer muerto en una cocina. Nunca han sobrevivido al amanecer desde el tarro. Esta misma mañana he aplicado mi último recurso: he llevado a uno de ellos, ya agonizante, hacia el agujero que comunica mi casa con la de mi vecino, con la intención de que vean que hay muerte más allá de mi cocina.

(Voz de Feliz Rodriguez de la Fuente) Pero mañana tras mañana, preveemos que el Suicidirus ravalensis elejirá ir a sucidarse al lugar donde generaciones enteras de ellos han encontrado una muerte segura. Y nosotros, estaremos allí para contárselo. ¡Un cordial saludo!

lunes, marzo 26, 2007

¿Hasta dónde vamos a llegar?

Siempre nos hemos reído de los estadounidenses por las típicas historietas (algunas leyendas urbanas, otras ciertas) en las que las empresas se ven obligadas a prevenir sobre peligros obvios en los manuales de instrucciones. Por ejemplo, la famosa (e inventada) señora que metió a su perro en el microondas o las grandes letras rojas que en el parasol de mi coche indicaban: "Attention, do not drive with the sunshade on".

Todos los que hemos vivido en EEUU tenemos nuestras historias al respecto, y bien que nos reímos, pero creo que haríamos bien en comenzar a mirarnos a nosotros mismos con esos ojos críticos. La última prueba, aquí:

Un paquete de pescado congelado en el que indican que "contiene pescado"

Vale, admito que el potón no es el pez más conocido del mundo... pero, ¿hacía falta indicar en un paquete de pescado congelado que éste "contiene pescado"? Lo raro sería lo contrario, ¿no?, comprar pescado congelado y que allí pusiera "no contiene pescado".

¡Atención! ¡Stop! Acabo de buscar una foto del potón, y resulta que el bicho en cuestión es un calamar gigante:

El potón es el que no lleva tarjeta de identificación

Ahora ya no sé si el potón me sirve para refrendar mi argumento de que cada vez nos estamos volviendo más paranoicos... Es más, ahora no entiendo nada: ¿a quién se le ocurre comprar calamar gigante? ¿Quién tuvo la brillante idea de llamarle "potón" a este calamar? ¿un paquete de calamar gigante congelado tiene que llevar una indicación de que contiene pescado? ¿qué significa "pescado"?

pescado.

(Del lat. piscātus).

1. m. Pez comestible sacado del agua por cualquiera de los procedimientos de pesca.

2. m. Abadejo salado.


¿Qué significa abadejo?

abadejo.

(Quizá de abad).

1. m. bacalao.


Por tanto, y dado que el potón no es un pez (y tampoco un bacalao, que yo sepa)... ¿para qué nos advierten de que contiene "pescado"? ¿Es esto una muestra de algo mucho más grave que lo que yo originalmente había concebido? Yo veía prevención innecesaria en ese letrero, pero ahora me veo obligado a preguntarme: ¿están intentando meternos miedo advirtiendo de que cosas que no contienen pescado sí que lo contienen? ¿van a poner "contiene pescado" en los cereales Kellogs? Y llevando el argumento al extremo: ¿van a comenzar a advertirnos sobre peligros que en realidad no son ciertos?

Necesito una explicación. La única en la que puedo pensar tras muchas horas dándole vueltas al asunto es que el calamar este come muchos peces, y por tanto, "contiene pescado". Pero la verdad, este argumento no me acaba de convencer... todavía no he visto ningún letrero en los filetes de ternera advirtiendo de que "contiene hierba".

Nota: ya sé, ha sido el post más caótico de mi existencia, pero cuando se rompen los planes previamente establecidos (i.e. escribir sobre la paranoia del etiquetaje preventivo) no soy el rey de la improvisación.

jueves, marzo 22, 2007

El Roto

Hacía tiempo que quería recomendar a "El Roto". Creo que es el mejor dibujante de viñetas que hay ahora mismo. Lo que más me impresiona no es que tenga días muy buenos, sino que prácticamente todos los días son espectaculares. Cualquiera que haga una cosa día a día sabe lo difícil que es mantener una calidad mínima. Y este hombre no sólo consigue esa calidad miníma sino que cada día pone el listón más alto. Sirvan dos ejemplos:




















Lo podéis ver a diario, de forma gratuita, en la sección de viñetas de la página web de El Pais.


Nota: si Gary Larson siguiera dibujando The Far Side, creo que tendría el corazón partido al intentar decidir cuál es el mejor dibujante actual de viñetas. Claro, que se les puede nombrar ganadores a los dos a la vez, porque sus estilos son totalmente diferentes.

miércoles, marzo 21, 2007

Reproducirse sin sexo

En este artículo de la revista PLoS Biology estudian unos seres vivos (rotíferos deloides) que no necesitan del sexo para reproducirse.

Yo, después de la primera impresión de sorpresa ("vaya aburrimiento de vida"), me he sobrecogido de miedo con otro pensamiento: "como se enteren los obispos la llevamos buena...". Si la conferencia episcopal se entera (tenemos la suerte de tener los (dirigentes de) curas más santos de la curidad mundial) intuyo que pronto nos abrumarán con una nueva campaña mediática en la que tratarán de convencernos de que el sexo, además de pecado, es algo contra-natura: si unos simples rotíferos pueden tener hijitos sin recurrir a la lujuria, ¿cómo no vamos a poder hacer lo mismo nosotros?

Los científicos que han estudiado este bicho han desarrollado un modelo muy complejo para comprobar que, efectivamente, una especie puede evolucionar sin necesidad de que un individuo intercambie su código genético con otro individuo (o individua). Yo, si me hubieran avisado antes de lanzarse a este estudio, les hubiera ahorrado todo este trabajo. La solución era mucho más sencilla: si un bicho así de feo quiere ligar tiene que, por fuerza, buscarse la vida de formas no tradicionales...

Rotífero deloide, la belleza en simples trazos de blancura

Más información:

lunes, marzo 19, 2007

La bioinfórmatica, una ciencia de riesgo

He publicado (por invitación (de la editora (que es amiga (y que mandó un email invitándome a hacerlo (junto a otros 100 compañeros de trabajo))))) un artículo en una revista de divulgación científica: Omnis Cellula.



La versión que ha salido publicada es la traducción al catalán de mi texto original en castellano (Omnis Cellula está editada por la sociedad catalana de biología). Me han dado permiso para publicar aquí el artículo en castellano, y así responder de una vez por todas esa pregunta que tanta gente tiene siempre en mente: ¿qué hace un bioinformático cuando llega por la mañana al trabajo?. La idea original era hacer una introducción al mundo de la bioinfórmatica en 3-4 páginas, pero cuando me puse a escribirlo, me salió esto... Todavía no entiendo que aceptaran publicarlo... Por ahora, ya me he ganado alguna bronca de gente de mi departamento diciéndome que si sigo divulgando la ciencia de esta forma pronto nos quedaremos sin dinero...

Si alguien prefiere leerlo en un formato más cómodo (o quiere imprimirlo), he puesto una version PDF del artículo aquí: bioinformatica.pdf

La bioinformática: una ciencia de riesgo

De nuestro corresponsal en las nubes, Antinoo Segura

cienciaalacarta@gmail.com

Siempre he envidiado a la gente que ante la pregunta “Y tú… ¿qué haces?” puede dar una respuesta sencilla. En una fiesta, o en el autobús, tanto si quieres intimar más con la persona que te ha dirigido esa pregunta como si quieres librarte de ella, lo mejor que uno puede hacer –a no ser que seas actor de éxito o una supermodelo- es pasar por encima de esa cuestión e intentar llevar a la otra persona a un tema de conversación más atractivo; o, en el caso contrario, mencionar rápidamente su oficio y salir corriendo. Por eso, siempre he envidiado a los que a ése “Y tú… ¿qué haces?” pueden responder con un simple “bombero” o “periodista”, o incluso “biólogo”. Y les envidio porque en mi caso, ante esa pregunta sólo existen dos posibilidades: mentir murmurando cualquier profesión que no genere dudas, o contestar la verdad y sufrir las consecuencias de hacerlo, ya que siempre que uno se decide por la segunda opción se ve abocado a una sucesión de acontecimientos de los que no suele venir nada bueno. Porque cuando uno contesta con la palabra mágica, “bioinformática”, los listillos suelen pensar que te dedicas a conectar animales a ordenadores y piden más información sobre el asunto, y los más humildes, simplemente exclaman un ¡ah!, miran a su alrededor en busca de una excusa, se dan la vuelta y desaparecen de tu vida para siempre. Y aunque no tengo datos que prueben esto científicamente, la experiencia me dice que existe una extraña anticorrelación entre el interés que una persona pone en la bioinformática y el interés que tú tienes en esa persona.
Por tanto, desde aquí yo quiero aconsejar a todos los bioinformáticos del mundo que, si tienen interés en seguir hablando con su interlocutor, al ser cuestionados sobre su profesión mientan descaradamente y contesten algo así como “busco una cura para enfermedades no contagiosas”. Y para esos casos en los que sus deseos de intimar con el otro tiendan a cero, nada más fácil que abrir mucho los ojos mientras se dice lentamente: “desarrollo programas en Perl sobre plataforma Linux”. Por si a pesar de este consejo aún queda algún bioinformático que prefiere ser honesto y decir la verdad, aquí esbozo unas ideas que quizás le ayuden a vestir de interés a su actividad laboral; o para esos otros casos, a hacerla parecer más aburrida de lo que en verdad es.

La bioinformática consiste en analizar, comprender y predecir procesos biológicos con la ayuda de herramientas computacionales. Otros autores han preferido definirla como la ciencia en la que uno usa datos en su mayoría erróneos para hacer predicciones –posiblemente falsas- sobre una realidad de la que apenas se conoce nada. A pesar de numerosos debates al respecto, los expertos todavía no se han puesto de acuerdo sobre cuál de estas dos definiciones responde mejor a la realidad. En cualquier caso, la bioinformática es una rama de la ciencia muy generosa con los que trabajan en ella, puesto que hagan lo que hagan siempre tienen la posibilidad de culpar a otros- los biólogos- de no haber hecho bien su trabajo. Y para esos pocos casos en los que los bioinformáticos deberían ser capaces de conseguir llegar a resultados satisfactorios, siempre viene en su socorro la segunda parte de su nombre: la informática. Cuando la evidencia del fracaso es total y no cabe culpar a un pobre biólogo –cuya única culpa es no entender el objeto de sus estudios-, o cuando lo que se ha prometido nunca llega, por la razón que sea, un bioinformático siempre puede alegar tranquilamente que, con la potencia de los ordenadores actuales, aún se tardarán años en lograr algo positivo, y que bien los informáticos se espabilan e incrementan la velocidad de los procesadores o ellos nunca podrán usar sus programas para algo útil. Como decíamos, la bioinformática es una ciencia muy agradecida con los que trabajan en ella: es imposible hacer las cosas mal.

Entre los afortunados que nunca se equivocan hay varios subtipos de científicos. Acudiendo al programa del “7th Spanish Symposium on Bioinformatics and Computacional Biology”, desarrollado recientemente en Zaragoza, podemos inferir que la bioinformática se divide en las siguientes areas: Computacional Genomics, Structural Bioinformatics, Systems Biology y Algorithms and Databases. Como imaginamos que entre los lectores habrá numerosas personas interesadas en introducirse en este maravilloso mundo en el que todos son felices y nadie se equivoca, vamos a proceder a una descripción detallada de cada subsección de la bioinformática, con el objetivo de que puedan elegir no sólo la rama de la ciencia más agradecida sino, en función de sus capacidades, el área concreta en la que trabajarán.


Típica imagen que se suele incluir en los artículos de bioinformática. En este caso, mostramos unos puntos unidos por líneas que a su vez se disponen concéntricamente de forma radial. En otras palabras: interacciones entre dominios estructurales de proteínas. Es de gran utilidad como fondo de pantalla o para hacer mantelitos individuales

Computacional Genomics, Genomica Computacional o Genus Compus

Los bioinformaticus genomus son, entre los bioinformáticos, los hijos predilectos. Tienen la fortuna de trabajar en un problema que –según todos los periódicos, radios y televisiones del mundo- ya ha sido resuelto: el genoma. A pesar de que todos vimos en nuestras casas imágenes de científicos afirmando que el gran objetivo de la humanidad – descifrar el genoma humano- ya había sido cumplido, ellos, los bioinformáticos genómicos, continúan frente a sus ordenadores dedicados a tareas que parecen mantenerles muy ocupados. Quizás sea simplemente que quieren resolver el problema por segunda vez para asegurarse de que la primera no fue casualidad –como quien repite el mismo sudoku dos veces- pero entre los otros bioinformáticos se rumorea que su único propósito es evitar llamar la atención y así asegurarse de que nadie les plantee nuevos desafíos. Mientras tanto, siguen procesando ristras de nucleótidos a la búsqueda de nuevos genes, comparando genomas de diferentes especies para encontrar similitudes y diferencias, analizando qué es lo que nos hace estar condenados a sufrir una enfermedad desde antes de haber nacido o, finalmente, intentando descifrar los mecanismos que la vida utiliza para que de una sola célula acaben saliendo seres tan complejos como un bioinformático. Eso sí, la mayoría de sus energías se dedica siempre a luchar contra los medios de comunicación, empeñados en que hace tiempo que nos dijeron que todo esto ya había sido descubierto y que por tanto deberían pasar página y dedicarse a otros asuntos.

Structural Bioinformatics, Bioinformática Estructural o Estructurus

Al contrario que en el caso anterior, estos bioinformáticos están de suerte: no sólo nunca consiguen lo que buscan sino que nadie espera que lo hagan.
En el siglo pasado, uno de los primeros estructurus desarrolló un programa informático capaz de –hipotéticamente- predecir la estructura de una proteína a partir de su secuencia de aminoácidos y, desde entonces, la principal tarea de todos ellos ha consistido en quejarse continuamente sobre lo lentos que son los ordenadores. Únicamente sufren periodos de preocupación cuando algún político decide comprar un superordenador con el que hacerse una foto, ya que al existir una nueva supermáquina se ven obligados a probar de nuevo el programa. Pero esos periodos de incertidumbre no suelen ser muy largos, ya que incluso cuando el nuevo superordenador es diez mil veces más rápido que el anterior, el tiempo que el programa tarda en calcular si una proteína se plegará de una forma o de otra sigue superando la esperanza de vida del humano más joven. Y así, el bioinformático estructural puede volver a su rutina de quejarse sobre la ineptitud de los informáticos y seguir publicando artículos sobre lo maravilloso que sería su programa si le compraran un ordenador nuevo. Entre tantas, como efecto secundario de todos esos artículos, se descubren algunas moléculas útiles para curar enfermedades, o se logran descripciones más detalladas del funcionamiento de las proteínas. Pero, como ya hemos dicho, eso son minucias cuando se comparan con todo lo que lograrán cuando alguien ponga a su disposición un ordenador a la altura de su intelecto.

Systems Biology, Biología de Sistemas o Sistematicus Biologius

En este grupo se encuadran aquellos bioinformáticos que no saben muy bien cómo definir lo que hacen. La prueba de ello es que cada pocos años se cambian el nombre, con lo que cualquiera que les siga la pista se pierde irremediablemente y tiene que volver a comenzar desde cero su intento de comprenderles. Hace unos años se autodenominaban theoretical biology, hoy se hacen llamar systems biology y según declaraciones de última hora por parte de uno de ellos, mañana pasarán a responder por el nombre de synthetic biology. Su santo grial es la simulación de una célula en un ordenador, y al igual que los cruzados nunca dieron con el secreto de la inmortalidad, la célula también se está resistiendo a que la simulen. Si es cuestión de amor propio celular o de complejidad infinita todavía no está muy claro, pero los biólogos de sistemas siguen concentrados en su tarea sin pararse a hacerse demasiadas preguntas. Si alguien les pregunta por qué no se dedican a simular otras cuestiones más sencillas –como el crecimiento de las uñas- ellos contestan invariablemente que si hoy no sentamos las bases del futuro, ese futuro nunca llegará. Pero ya se sabe que la gente que dice estas cosas suele hacerlo porque están muy alejados del mundo real y no comprenden que lo único importante en esta sociedad en la que vivimos es producir hoy; mañana ya se verá. Los biólogos de sistemas no han debido de escuchar nunca esta máxima, ya que siguen empeñados en soñar con un futuro en el que el funcionamiento interno de cualquier ser vivo podrá ser reproducido con un ordenador.

Algorithms and Databases, Algoritmos y Bases de datos o Datus

Los bioinformáticos que no logran encajar en ninguno de los grupos anteriores tienden a acabar trabajando en algoritmos o en bases de datos. Su propósito es bastante loable: “ya que algunas cosas ya han sido totalmente resueltas y otras no lo serán hasta que se fabrique la madre de todos los ordenadores, me voy a dedicar a acumular datos y a imaginar formas de usarlos”. Así, con la colaboración de los biólogos experimentales y de los fabricantes de tecnologías relacionadas con la biología molecular, han logrado acumular ingentes cantidades de datos, que luego pueden ser utilizados para extraer conclusiones varias. Por ejemplo, hay bases de datos que contienen miles de registros que describen interacciones proteína-proteína, de los que, según estimaciones recientes, únicamente alrededor del 50% son falsos.
Lo mejor para los que hacen las bases de datos es que como no son ellos los que introducen la información, pueden echar balones fuera. Para los que desarrollan los algoritmos su tranquilidad es que, gracias a que los biólogos tampoco están muy seguros de cómo funcionan las cosas, siempre pueden afirmar que sus resultados son malos únicamente en apariencia, y que ellos están describiendo una realidad que todavía no ha sido descubierta. En cualquier caso, sin bases de datos –Uniprot, PDB, …- o algoritmos –Blast, análisis de microarrays, …-, ningún biólogo experimental podría trabajar hoy en día, y eso convierte a este grupo de bioinformáticos en fundamentales para nuestra especie.

Otra típica imagen bioinformática, fundamental en cualquier articulo o programa de televisión que verse sobre este tema: en la misma podemos observar dos proteínas interaccionando, representadas a partir de la imagen obtenida al pasar rayos X por un cristal. Advertencia: era un cristal especial, no intentar con los vasos Duralex de casa.

Estos son los cuatro submundos de la bioinformática, cada uno con sus logros y sus excusas, como cualquier otra actividad humana. Uno de los aspectos más interesantes de la bioinformática es la batalla continua entre los diferentes subgrupos por ser los que “están de moda”. Los que trabajan en los genomas organizan continuamente ruedas de prensa en las que anuncian que han vuelto a descubrir lo que se suponía que ya estaba descubierto. Esto es aprovechado por los biólogos de sistema para demostrar que el genoma ya esta demodé y que ahora lo que se lleva es “a cell in a computer”. A los que hacen las bases de datos les da un poco igual quién consigue el dinero, puesto que siempre les necesitarán. Y los bioinformáticos estructurales no entran en estas luchas porque pertenecen a un mundo aparte, en el que lo importante no es estar de moda o no, sino convencer a los políticos de que su fotogenia mejora mucho cuando se colocan junto a un gigantesco ordenador con luces azules y verdes.

Por si llegado este punto el lector sigue sin comprender muy bien qué es la bioinformática, o en el caso de que todavía no haya conseguido extraer de la bioinformática ese alma mágica que le hará triunfar en fiestas y concursos televisivos ante la pregunta “Y tú… ¿qué haces?” , vamos a finalizar este artículo con una de esas frases que permanecen en la mente de las personas durante años, una de esas metáforas que explican la realidad mejor que ella –la realidad- misma: ”la bioinformática es a la biología lo que la azada al agricultor: sin ella sería imposible cavar los surcos donde, llegada la primavera, crecerán las borrajas. Además, para sobrellevar mejor esos años de sequía y escasez, siempre se puede jugar a ver quién lanza la azada más lejos; y a veces, del golpe, se descubre una patata que había permanecido enterrada”.

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Si alguien se ha quedado con ganas de saber más todavía sobre la bioinformática, la wikipedia es un buen punto donde comenzar su propia exploración: http://en.wikipedia.org/wiki/Bioinformatics .

viernes, marzo 16, 2007

Lasagna de vegetales y setas al queso azul

Con peligro de que mamá me riña por meterme en terrenos ajenos, hoy toca una receta...

[¿por qué los viernes nos sentimos con derecho a hablar de temas más ligeros?]

[Ummm... yo siempre hablo de temas ligeros]



LASAGNA DE VEGETALES Y SETAS AL QUESO AZUL






Ingredientes
  • Placas de lasagna (1 paquete de la que no hay que cocer antes)
  • Harina (2-3 cucharadas soperas)
  • Leche (1 litro)
  • Sal (1 pellizco)
  • Calabacín (2)
  • Brócoli (1)
  • Cebollas (2)
  • Bacon (a tacos)
  • Setas (boletus, japonesas o simples champis)
  • Queso azul (deshacer a grumos 150 gramos)
  • Queso emmental (rallar 150 gramos)
  • Tomate frito (por favor: no utilices una marca comercial)
  • Tomates naturales (para poner en lugar de tomate frito comercial)

1. Haz un sofrito con el calabacín a rodajas, el bacon a tacos, las setas a láminas, las cebollas cortadas finas y el brócoli en mini-arbolitos. El ordén de echar a la sarten es: cebollas, bacon, setas, calabacín y brócoli. Un minuto después de echar el brócoli, retirar la sarten y guardar.

2. Haz la bechamel en modo papilla. Si no tienes tomate frito de verdad, haz también un machacaó de tomates con un poquito de aceite, sal y azucar.

3. Pon a calentar el horno: 200-210 grados.

4. En una fuente rectangular, coloca las placas de lasagna sobre la base. Cubre las placas con bechamel, sin pasarte. Luego, ve intercalando capas de sofrito, placas de pasta, salsa de tomate (o machacaó de tomates), bechamel y queso azul, hasta llegar a un dedo de la parte superior de la fuente. La última capa es de placas de pasta, y estas van cubiertas de bechamel primero, por unas manchas de tomate frito después y, finalmente, por queso emmental rallado.

5. Mete la fuente en el horno, espera frente al horno durante 15 minutos (no te muevas). Pon la posición grill si es que la tienes (en mi caso, no es una posibilidad), y cuando la cubierta esté tostadita (se mira sin abrir el horno, que si no se escapa el calor), fuera y a comer.

6. La lasagna se congela muy bien, así que el objetivo es que sobre: no ofrezcas repetir a tus invitados.

jueves, marzo 15, 2007

Stupid designs (II)

Uno de los primeros posts de mi historia bloguera fue a propósito de la cantidad de objetos mal diseñados que hay en el mundo, y en particular los auriculares que me compré en Nueva York: el hueco para las orejas era más pequeño que las propias orejas. Después de ese post recibí algún que otro email sugiriendo que quizás mis orejas no eran tan 'standard' como yo pensaba que eran. Nunca contesté a esas personas, y nunca más voy a hablar con ellas.

Los auriculares eran un buen ejemplo de objeto mal diseñado, pero hay que admitir una cosa: existen algunos auriculares que están bien diseñados y además funcionan. Sin embargo, y enganchando con la teoría de la incompetencia que esbocé el otro día, creo que estaréis de acuerdo conmigo en que a lo largo de la evolución se ha producido una concentración de diseñadores incompetentes alrededor de un objeto al que todos nos enfrentamos día a día: el dispensador de papel para secar las manos en el baño.

¿Alguien se ha encontrado alguna vez un dispensador de papel que funcione correctamente? No hablo de que haya papel en él, cosa harto improbable, sino que teniendo papel, sea fácil sacar la cantidad necesaria para secarse las manos, ni más, ni menos. Yo todavía no he encontrado el dispensador perfecto, y eso que me he enfrentado a multitud de ellos a lo largo de mi vida. De estos, todos malos, he inferido los tres tipos en los que se pueden clasificar:

  • el dispensador que cuando estiras de un papel te caen diez. Te secas con uno y luego, depositas el resto en la encimera para que alguien los utilice en el futuro, sabiendo que nadie cogerá un papel de la encimera y acabarán mojados y desechos hasta convertirse en pasta de papel.
  • el dispensador que cuando estiras de un papel se atasca. Luego, estiras con todas tus fuerzas hasta lograr sacar un jirón de papel. Luego, continuas estirando y a base de jirones te secas las manos. Luego, estiras por última vez y cae todo el papel que había almacenado en el dispensador. Lo dejas sobre la encimera a esperar que se moje y deshaga.
  • el dispensador en el que hay papel pero no puedes acceder a él. Metes los dedos por la ranura, pero no consigues estirar del papel. Intentas hacer girar la rueda que arrastra el papel hacia fuera, pero no engancha. Finalmente, consigues hacer asomar el papel por la ranura, pero cuando lo agarras el papel se rompe. Luego, te secas las manos en el pantalón.
En mi antiguo lugar de trabajo teníamos un dispensador de tipo 3. En el baño del actual lugar de trabajo (al que ya hice referencia en el anterior post) el dispensador es un híbrido de los tipos 1 y 2. En la siguiente foto, una muestra de su comportamiento tipo 2 (y no, no lo he atascado a propósito para hacer la foto):

El dispensador atascado. Fijénse además en la preciosa pared con baldosas de suelo

Por otro lado, odio los secadores de manos a base de aire caliente. Sí, tengo una vida muy problemática.

martes, marzo 13, 2007

Por lo tanto, infiero que los hombres son unos guarros

En nuestro nuevo edificio, el baño es mixto. Es decir, los chicos y las chicas, los hombres y las mujeres, compartimos lavabos y retretes. Además, siendo un baño mixto, no hay mingitorios.

Hasta aquí, cosas de los tiempos modernos y la igualdad entre sexos (es decir: del ahorro de espacio "improductivo"). En unas semanas todos nos hemos acostumbrado y pienso que ahora nadie tiene demasiados problemas con la cuestión. Sin embargo, creo que todavía no se ha dado el caso de que un chico y una chica hablen desde sus respectivos tronos... Todo se andará.

Pero hay más: en este baño mixto del que hablo, hay tres habitáculos con sus correspondientes tres retretes (por si alguien no se había fijado: habitaculo -> habita culo -> retrete). Y en cada una de las puertas, se indica que tipo de personas pueden entrar:

1:


2:



¡¡¡¡y 3!!!!:

Por lo tanto, infiero que los hombres son unos guarros.

¿Me equivoco en la interpretación de los signos?

Notas aleatorias:
  • ¿Por qué no ponen un letrero con un retrete sólo para hombres y que así podamos ensuciarlo a gusto sin pensar que se puede dar la posibilidad de que una mujer entre en uno de los habitáculos marcados como bisex?
  • ¿Quién decidió esta distribución? ¿Un hombre o una mujer?
  • ¿Alguien tiene pruebas contundentes de la realidad de mi inferencia?
  • En la práctica, creo que nadie respeta las señales: una ley universal dice que dados tres retretes y dos personas, estos siempre maximizarán la distancia entre ambos, pasando por encima de las reglas o señales.
  • ¿Por qué nos han puesto a los hombres con la camiseta por encima del ombligo y sin pantalones? ¿Además de guarros somos exhibicionistas?

lunes, marzo 12, 2007

Ley universal de la incompetencia

La ley universal de la incompetencia establece que en todo lugar de trabajo hay, como mínimo, un incompetente. Además, por la subley de la ignorancia, el susodicho incompetente desconoce serlo.

Muchas veces en el discurrir del día, uno se pregunta: ¿cómo puede ser que esta persona haya llegado a la posición en la que está? Y, otras tantas veces, a esa pregunta le sigue otra aun más desesperada duda: ¿cuánto tiempo logrará esta persona continuar aquí sin que nadie le envíe hacia un lugar donde su incompetencia no genere tantos problemas? Un pensamiento paralelo muy frecuente sobre estas personas es: "si yo fuera jefe a éste le iban a ...".

La tentación de buscar soluciones es grande, sobre todo cuando uno es jefe. Por ejemplo, yo alguna vez he pensado en lo siguiente: juntemos a todos los incompetentes en un mismo lugar para minimizar los daños que producen. Por ejemplo, en lugar de distribuir los incompetentes por todas las oficinas de la administración, se podría pensar en ponerlos a todos en, digamos, el departamento de expedición de permisos de pesca. Así, uno sabría que fuera donde fuera no le iba a atender un incompetente, que las gestiones se resolverían rápidamente. El único inconveniente que esta solucion reportaría sería que sacarse el permiso de pesca se convertiría en algo totalmente imposible: incompetente tras incompetente nos iría exponiendo todas las causas por las que el permiso ya no se expedía en esa oficina. Por otra parte, los peces nos lo agradecerían. Esto mismo se puede llevar a un contexto de investigación científica: pongamos a todos los incompetentes en un mismo laboratorio, dedicados a investigar una cuestión común que no sea demasiado importante, como por ejemplo, el estudio bioinformático de las redes de interacciones entre proteínas. Así, aseguraríamos que se iba a producir un avance en todas las ramas de la ciencia menos en una.

Sin embargo, ninguna de estas soluciones funcionaría, porque según la ley universal de la incompetencia, en todo lugar de trabajo hay al menos un incompetente, y por tanto, aunque enviáramos a todos los incompetentes actuales a la oficina de expedición de permisos de pesca, o a hacer bioinformática, en cada lugar de trabajo aparecería un nuevo incompetente. Todavía no se sabe muy bien si el nuevo incompetente se crea o se transforma, o si aparece por simple cinética gasística de ocupación de los lugares vacíos, pero lo que está claro es que el incompetente no se destruye. En cualquier caso, una cosa es segura: acumular la incompetencia en un solo lugar simplemente hace reproducirse esa incompetencia en los lugares donde había desaparecido.

Visto lo visto, yo, sinceramente, prefiero seguir teniendo controlado al incompetente que me corresponde, y no arriesgarme a que este se vaya y surja uno nuevo. Ahora mismo en mi lugar de trabajo tenemos un problema, porque hace un tiempo echaron al más incompetente del departamento, y todavía no se sabe quién es su reemplazo. Quizás la teoría no se cumpla en todos los casos. Os mantendré informados. En cuanto sepa algo, os lo digo.

[Actualización: javifields me informa de que alguien ya había formulado un principio en esta linea: el principio de Peter. "En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia"]

viernes, marzo 09, 2007

Cuantificando el amor

Para el viernes, un poquito de amor...

En este artículo que me ha enviado un amigo (y gran pescador) se demuestra científicamente que Dios no existe. No tengo los suficientes conocimientos matemáticos como para comprobar la validez de su demostración, pero hay un párrafo del artículo que me ha gustado mucho: la ecuación para calcular la cantidad de amor.

World Law of Human Attraction. Equation of Love.

L= V (Id)* I (Ego)/ С(Intellect) - N (Superego)

Where:
  • L - power of Love
  • V - extent of Ids excitement, power of the excited unconscious, hormonal push
  • I - ideal component of the real object, extent of sartu, the level of correlation of the real object to our aesthetic ideals and personal sartu expectations
  • C - coefficient of Intellect
  • N - negative component of the moral Superego, the left uncovered properties of the object which are contrary to the religious, social, race, national and other prejudices and prohibitions.

¿Por qué me gusta tanto? Porque formaliza aquel concepto que ya expuse yo una vez a propósito de la cuantificación del dolor/enfermedad. Básicamente, aquel día comenté que sería mucho más fácil describir las enfermedades y dolores si se les pudieran asignar números, concretar la intensidad de las -de otra manera- vagas afirmaciones. Y este brillante científico,
Vadim Kirpichev, no sólo ha tenido la idea sino que va a cambiar las reglas del juego del amor:

- te quiero mucho
- vale, ¿pero cuánto?

- moríria por ti.
- vale ¿pero eso qué representa? ¿en cuánto valoras tu vida? A lo mejor también estás dispuesto a morir por cualquier causa estúpida (e.g. una guerra ajena en la que intervienes obligado por intereses ajenos), y entonces eso convierte tu amor en diminuto.

- te quiero un 17.
- muy bien. Ahora sé de qué va esto. Yo a ti te quiero un 18, así que nuestra relación está equilibrada y tenemos un brillante futuro por delante de nosotros.

A modo de ejemplo, en el susodicho artículo calculan cuánto amaba Romeo a Julieta:

Calculating the power of Romeos love towards Juliet

Here is estimation.
Let us assume that each value is ...

L = 10*10/4 - 7 = 18
Romeo loved Juliet with the power of 18 points. Under stresses, when C
drastically diminishes, Love grew stronger of course, which led to a final
tragedy.


Si se lograran crear ecuaciones así de fiables para medir todas las sensaciones, todo sería mucho más fácil. Pienso que una de las más necesarias sería la ecuación de la mentira. Algunos dicen que si te rascas el cogote mientras hablas, es que estás mintiendo. Yo preferiría tener una ecuación de la mentira y así, poder ponerle un cartelito luminoso a cada político que indicara en cada momento cuándo está mintiendo y cuándo está diciendo la verdad. Luego, claro, también habría que crear la ecuación de la bondad, porque hay algunos que dicen unas (sus) verdades que vamos...

miércoles, marzo 07, 2007

Imaginación

Yo, de pequeño, me fijaba mucho en mi entorno. Como todos los niños, cuando no entendía algo lo preguntaba, y no cejaba en mi empeño hasta que me respondían. Por ejemplo, había una señal de tráfico que me mosqueaba mucho cada vez que la veía, pues no entendía que hacía un muñeco de nieve en según que lugares. Cuando íbamos a la montaña me parecía lógico que una de las señales fuera un muñeco de nieve con su sombrero y todo, pero una vez la vi cerca de la playa, y entonces me lance a preguntar a mis progenitores:

- Papá, Mamá, ¿qué significa la señal con el muñeco de nieve?

Por más que lo intenté, no logre sacar una respuesta de sus bocas. En ese momento sospeché que mis padres no querían responder porque esa señal significaba algo "extraño", pero ahora, tras muchos años, sé que únicamente era lo que se llama "síndrome del principito". En sus propias palabras:

"<...> Mostré mi obra maestra a las personas mayores y les pregunté si mi dibujo les daba miedo.

Me contestaron: "Por qué un sombrero podría dar miedo?" <...>"



Hace unos días, hablando con una persona de nombre palíndromo, descubrí que yo también me he hecho un poco mayor... ¿Como puede ser que alguien viera en su infancia un Snoopy en lo que es claramente un muñeco de nieve?


Incomprensible... ¡Snoopy! Si es que hay algunos niños por ahí...

martes, marzo 06, 2007

El barrio más guarro

Nota: no todo en Barcelona es sucio. Si estáis planeando un viaje a Barcelona podéis leer la guía de Barcelona que he escrito recientemente para BuscoUnViaje.com

Mamá, de Hoy Cocina Mamá, me informa que la semana pasada se votó en una emisora de radio a mi barrio, el Raval de Barcelona, como el más guarro de España. Yo, la verdad, no lo entiendo. Tendrían que haberle dado el premio a la creatividad...

Es verdad que tenemos mucha basura en los contenedores, pero que levante la mano el barrio que no la tenga :

Contenedores debajo de mi casa


Creo que el problema estuvo en que, en el concurso aquél, no tuvieron en cuenta factores como que en cuanto se abre una zanja en la calle, la gente toma conciencia de que la basura es mejor tirarla al hoyo que sobre el asfalto:



¿Y qué ocurre cuando no hay ni contenedores ni zanjas a la vista? En cualquier otro barrio (de esos que no han sido votados como los más guarros), la tendencia natural sería tirar los papeles al suelo, pero en el Raval, sabemos que la basura en la maceta siempre es más ecológica... quizás hasta salga un arbolito basurero:



Hasta aquí podría entender que al barrio se lo considerara como uno más entre el montón. Pero, tengo la extraña sensación de que los votantes de ese concurso no se han paseado ultimamente por el barrio. Desde hace un tiempo, en el barrio ya no hay únicamente "gente mala", y a diario, hay numerosos vecinos que hacen gala de creatividad. Por ejemplo, tenemos a este ciclista que transporta basura de un lado a otro, para evitar que esta se acumule (aunque también podría ser que se la hubieran puesto, lo ignoro):



Y para los que no han quedado convencidos, una última muestra: imaginad que habéis acabado de beber vuestra coca-cola y que no hay basuras a la vista, ni zanjas, ni macetas, ni ciclistas amantes de la basura. ¿Tiráis la lata al suelo? No...

¿Para qué tirarla cuando la puedes depositar grácilmente sobre una moto?




Espero que los del concurso ese recapaciten, y sean capaces de diferenciar entre ser guarro y querer ser guarro. El Raval no es el barrio más guarro de España; simplemente, es un museo de la basura. Sólo queda esperar que lo reconozcan las autoridades y dejen de enviar basureros a recogerla: innumerables obras de arte son destruidas a diario a ritmo de manguerazo y camión triturador.

[estas imágenes no son una selección efectuada a lo largo de varios días. Todas ellas (salvo la de los contenedores) fueron tomadas en la misma calle en el intervalo de diez minutos.]

viernes, marzo 02, 2007

Post número 100

Pues sí, ya llevo 100 posts en este blog (aunque por el camino han muerto otros dos blogs). Nunca creí que llegaría a tantos, pero esto es casi como una droga, y ver como cada día aumenta el número de lectores me produce una gran satisfacción. Tampoco son tantos, para que nos vamos a engañar (la semana pasada, una media de 50 visitantes únicos diarios), pero quiero que sepáis que cada una de esas visitas es una estrella en mi corazón.

(los que me conocen personalmente, ahora mismo se están preguntando: "este no es Ra y Mon". Lo que no saben es que es muy tarde y el trabajo ablanda las mentes. Y lo que tampoco se han parado a pensar es: "¿es bueno tener estrellas en el corazón? ¿no pinchan?)

Además, ver que llega gente a mi blog a partir de búsquedas en Google como "pensamientos de agradecimientos", "hablar en tercera persona de uno mismo", "hembras calientes que buscan pareja", "no se para que sirvo", "cuantas bacterias existen en una cuchilla de afeitar", "no sirvo para cocinero", "satanas aparece en supermercado en republica dominicana", "aqui estoy señor", "peces de vestir musulmanes", "chicas opinion de pedos" o "que forma tiene el pezon", es un placer todavía mayor. Eso sí, ver esas preguntas al aire y no poder responderles me produce una gran fustración. Porque muchas veces tengo una respuesta fácil que darles: a las chicas no les gustan los pedos: no lo hagas.

Anyway... a lo que iba. Ya en alguna de las primeras entradas aprendí que hacer preguntas a mis lectores implicaba un riesgo: que sólo me respondieran mis más íntimos (varios ejemplos aquí). Así que asumida la triste realidad de la comunicación quasi-unidireccional, dejé de hacer preguntas y me dediqué a contestármelas yo mismo. Sin embargo, hoy, post número 100 y con la mente ablandada, voy a asumir riesgos y lanzar una pregunta al aire, con la intención de que me ayudéis a confeccionar uno de mis próximos posts: ¿cómo os imagináis al típico investigador/ciéntifico/informático?

Obviamente, esta es una pregunta dirigida a los no investigadores/ciéntificos/informáticos. Mi objetivo es conseguir resumir en unas palabras los rasgos que la gente atribuye a este colectivo (en el que yo me encuadro). Luego, haré una pequeña comparación entre la realidad y la creencia (usando mi centro de trabajo como Gold Standard), con lo que no espero demostrar nada pero me entretendrá un rato; que a fin de cuentas es de lo que se trata.

Para aportar vuestro granito de arena a esta cuestión, simplemente tenéis que darle a "x comments" y escribir un par de palabras: ¡ánimo!

Por ejemplo, yo podría comenzar diciendo:

- con gafas
- pelo sucio
- escritores de blogs

jueves, marzo 01, 2007

Estadísticas (II)

He leído aquí que el 58,1% de los andaluces afirma que votó en el referéndum del Estatuto, aunque en realidad ese día sólo acudió a las urnas el 36,52% de los andaluces. Por lo tanto, o bien hay mas de un 20% de andaluces que están mintiendo, o las encuestas se muestran, una vez más, inexactas.

Esto me ha hecho recordar una de las encuestas más "graciosas" en las que he participado. Un compañero del taller de literatura se ganaba la vida entrevistando in-situ a clientes después de habérseles proveído de un servicio concreto (e.g. a la salida de un supermercado, después de una película, ...). Este compañero tenía una cierta tendencia a no hacer las encuestas que le encargaban, pero para evitar que le quitaran el trabajo recurría a rellenar los formularios simulando que había entrevistado a sus amigos y conocidos. Un día, después del taller nos advirtió: "voy a usar sus nombres para una encuesta que me han encargado. Si les llaman para comprobar que efectivamente les hice la entrevista, díganles que sí. La encuesta en concreto es sobre un parking que hay en la Barceloneta".

Yo, puesto que no confío demasiado en las encuestas, no le di mayor importancia. "Total" - pensé- "el resultado será similar tanto si realmente hace las preguntas -y cada uno responde lo que le apetece en ese momento- como si se inventa las respuestas". Y no me preocupé más por el asunto... hasta que unas semanas más tarde recibí una llamada mientras comía.

- Hola
- Hola

- Le llamámos a propósito de una encuesta que le realizaron hace unos días
- ¿qué? - tengo muy mala memoria...

- Sí, una encuesta que le hicieron en un parking, en la Barceloneta
- ehhhhh - algo me comenzaba a sonar

- ¿Es usted Ra y Mon?
- sí, sí. ¡Ahora me acuerdo! ¡Sí, sí que me hicieron la entrevista! - demasiado entusiasmado para ser real.

- Ahhh... muy bien. ¿le importa que le haga unas preguntas?
- No, claro que no - normalmente cuelgo a estas llamadas, pero en este caso no quería perjudicar a mi compañero...

- ¿qué tipo de coche tiene usted?
- ummmm - ¡mierda! ¿qué coche habrá dicho este hombre que tengo? - ummmm..., tengo un utilitario.

- ¿un utilitario? - realmente extrañada de mi respuesta... (lo que es comprensible)
- sí, un utilitario normal.


- aquí pone que tiene un coche de tamaño medio. ¿Es correcto?
- sí, sí... ¡de tamaño medio! ¡eso es!

- ¿y de qué color es?
- ummm - ¡mierda y requetemierda! - ¿de color claro?

(en este punto yo ya era 100% consciente de que estaba haciendo el ridículo más espantoso... No saber definir que tipo de coche tenía ya era grave, pero describir un coche como de color "claro" roza lo surrealista)

- Aquí pone que es rojo.
- Sí, claro: rojo claro.

- ¿Y dónde vive usted?
- Por el centro.

- ¿Pero en qué calle?

(normalmente no diría jamás mi dirección a un extraño, pero en ese momento no era eso lo que me preocupaba, sino que mi cerebro barajaba a toda velocidad formas de decir donde vivía sin delatar a la encuesta como falsa)

- Vivo por la ciudad vieja...

- Pero, ¿sabe decirme dónde vive?
- Sí, sí. Vivo en mi propia casa (palabra de honor que dije eso...)

- ¿Y me puede decir la calle?
- - rendido- vivo en X, número N

- Aquí pone que es la calle Y, número M.
- Sí, claro, es cierto.

- Ya... Adiós, gracias y buenas tardes.
- Adiós, adiós... (suspiro de alivio)


Al menos, esta encuesta estoy seguro de que quedó invalidada por inexactitudes... Fui incapaz de pasar la prueba: no sólo soy muy mal mentiroso, sino que cuando no conozco las "verdades" ni siquiera soy capaz de inventármelas. En realidad, me sentí un poco como esa amiga (no diré su nombre) que jugaba al buscaminas intentando encontrar las minas por pura suerte: pensaba que los números estaban allí por pura decoración. Y claro, le parecía un juego estúpido.


Quizás deberíamos llamar a todos los andaluces para preguntarles si es cierto que les hicieron una entrevista sobre su votación en el referendum sobre el estatuto... Estoy seguro de que nos encontraríamos con que el 50% de los que entrevistaron eran seres ficticios y el otro 50% afirmaría haber respondido a la encuesta que en verdad había votado por la opción contraria a la que luego se había señalado como elegida (al mismo tiempo que todos -ficticios y reales- mentirían sobre si les habían realizado la encuesta o no).