jueves, octubre 11, 2007

Prohibido meter tu durián en la habitación

En Malasia (y en Singapur, y supongo que en otros países del sureste asiático), el rey de las frutas es el "durián". No es fácil de describir, así que una foto hará las veces de narrador:



Hasta aquí todo normal: unos países donde no comen uva y plátanos, sino una fruta que desconocemos en occidente... Y además, el durián es de las frutas que más vitaminas tiene en el mundo. Y encima tiene propiedades afrodisiacas.

Pero entonces, ¿cómo se explican estos carteles?

Ascensor a un hotel en Kuala Lumpur: ni perros ni duriáns

Aeropuerto de Singapur (el durián está prohibido, pero no hay multa)

Para que los castizos lectores de este blog lo entiendan a la primera, he preparado estos carteles:


Porque, efectivamente, el olor que desprende el durián es una mezcla de todos los olores desagradables que conocéis. Y cuando tengáis ese olor en mente, hacedlo un poco más desagradable... ¡ya sabéis cómo huele el durián!

Si todos nos unimos, podemos hacer de nuestro país un país sin olores. Desde aquí os animo a colocar estos carteles en todos los hoteles, autobuses, aeropuertos y estaciones de España. Si los malayos han conseguido expulsar el durián de los lugares públicos cerrados, no veo porque no podríamos hacer nosotros lo mismo con nuestras pestilencias locales. ¡No a la coliflor! ¡No a los que se tocan los pies en público!

miércoles, octubre 03, 2007

La juventud

Dicen que la juventud de ahora está mucho menos formada que la juventud de antes. Yo pienso que todos los adultos de todos los tiempos siempre han pensado eso mismo, y que simplemente las cosas cambias y la juventud es siempre la juventud. Sin embargo, ayer por la tarde comencé a dudar si, por una vez, la juventud de ahora está realmente menos formada que la de antes.

Conversación a la salida del instituto entre tres adolescentes:

- ....
- Cada uno cuesta 300 Euros
- Entonces, si compramos dos ¿por cuánto saldrán?
- je je je
- ji ji ji
- jo jo jo
- ¿No tenéis calculadora ninguno? Ji ji ji
- je je je
- jo jo jo
- ...

Espere 5 segundos más para ver si alguno respondía, pero optaron por reirse y dejar la duda atrás, que es donde menos molestan las dudas.

sábado, septiembre 29, 2007

Meticulosidad cartelista

La gente se suele reír de cómo envuelvo los regalos. Yo, cada vez que me enfrento a un nuevo envoltorio, me digo que esa vez lo voy a hacer bien, y me organizo y planifico para conseguirlo. Sin embargo, rara es la vez que consigo que el envoltorio parezca algo 'profesional' y no un trozo de papel arrugado alrededor de una caja.

A esta persona le pasa algo similar, pero con los carteles:


Análisis rápido del cartel:
  • Ante la complejidad del asunto, antes de ponerlo a rotulador lo ha escrito a lápiz.
  • Lo ha colocado junto al telefonillo, que fue (supuestamente) a través del lugar donde se llevó a cabo el timo.
  • No ha conseguido repasar el lápiz correctamente, con lo que ha decidido tachar la 'Q' y continuar más abajo (usando de nuevo el lápiz para guiarse). Esto me lleva a la siguiente conclusión: escribía primero cada palabra a lápiz y luego la repasaba, frente a la habitual opción de escribir todo a lápiz y luego repasar.
  • A mitad de proceso se le ha ocurrido que, además de que no quieres que le timen por 59 Euros, tampoco quiere que le timen por otras cantidades: 31, 56, 38, 76, 29, etc. Una opción hubiera sido enumerar todas las cantidades de euros por las que no quiere que le timen, pero estamos ante un ser humano con recursos: en lugar de escribir 'euros' ha puesto el símbolo '€', y así ha logrado tener sitio para poner 'ni otros', cubriendo de forma brillantes todos los otros timos que le podrían intentar hacer.
  • Todas las letras están repasadas a boli (haciendo una espiral) salvo el 'NO' y el '€'. No consigo encontrar una interpretación satisfactoria a esta actitud.
Tres pensamientos aleatorios:
  1. ¿Por qué, seres humanos, colocáis carteles tan apasionantes por las calles? Yo creo que detrás de estos carteles está la razón de que tanta gente llegue tarde a los sitios...
  2. Timador: ¿por qué hiciste un timo de 59 Euros? ¿Por qué no una cantidad redonda?
  3. Timado: ¿el timo viene definido por la cantidad de dinero que le timan a uno?

viernes, septiembre 21, 2007

Ranas en oferta

Desde que la baba de caracol ha pasado a formar parte de nuestra cotidaneidad me cuesta más sorprenderme con estas cosas, pero aún así...

Ranas Toro vivas, por el módico precio de 2,50$ de Singapur (~1€)

miércoles, septiembre 19, 2007

Instrucciones para ir de Bako a Singapur

Nota: Si estáis planeando un viaje a Malasia, os recomiendo que visitéis la guía de Malasia que he escrito recientemente para BuscoUnViaje.com. También tenemos una guía de viaje a Singapur, y hemos escrito sobre los monos narigudos de Bako.

Al igual que en las vueltas ciclistas, los viajes tienen días de transición. Estos días no están dedicados al disfrute de un lugar o al descanso, sino a realizar el trayecto entre un lugar y otro. Muchas veces, de forma inesperada, estos días de transición se convierten en aventuras inolvidables. Un buen ejemplo de estos casos fue el viaje entre el parque nacional de Bako (en el Borneo malayo) y el barrio de Little India en Singapur.

8h15 - voy a la recepción de las cabañas del parque y 'encargo' una barca para ir hasta el Kampung Bako (i.e. poblado de Bako) (al parque no se puede acceder por tierra). Mientras hablo con la recepcionista, unos (monos) macacos intentan robar el desayuno de la señora de la limpieza.



9h - junto con dos escoceses (que llevan varios meses viajando), una inglesa (que lleva varios meses viajando) y el primo de la inglesa (sobre el que nadie sabe nada porque no habla), caminamos por el mar (mojándonos los pies) para llegar hasta la barca que ha venido a recogernos (la marea está baja y la barca no puede llegar al 'muelle').

Foto homenaje a javifields, su sombrero y la tierra de su sombrero

9h a 9h30 - dejamos el parque atrás, primero por mar y luego por río, antes rodeados por árboles de todos tipos (llenos de serpientes, monos de varios tipos, y otros bichos como el ratón-ciervo) y después entre casas de colores con sus barquitas. Llegamos al restaurante que hace de punto de embarque hacia Bako.




9h30 a 10h40 - ante la imposibilidad de conseguir una furgoneta que nos lleve a Kuching, optamos por esperar al autobús público (al que tuvimos la fortuna de conocer en el viaje de ida: amarillo chillón, sin amortiguadores y capaz de desviarse 15 minutos de su recorrido para ir a dejar a un señor frente a su casa). Haciendo tiempo, conversamos con un vendedor de pescado y escuchamos historietas del escocés: lleva varios años trabajando como barman en un crucero que da la vuelta al mundo, y en consecuencia tiene jugosas anécdotas sobre adinerados ancianos; hay una señora a la que su hijo, en lugar de pagarle un asilo, le paga el crucero. La señora lleva varios años sin salir del barco; repito: sin salir del barco, cuando llegan a las ciudades ella se queda en su camarote.

10h40 - el vendedor de pescado me pregunta que hacemos esperando allí. Teniendo en cuenta que sólo hay un autobús que llegue hasta Kampung Bako y que llevamos allí un buen rato esperando bajo el abrasador sol, su pregunta me resulta inapropiada. Respondo: "Kuching". Dice: "si queréis, os llevo en mi furgoneta". Contesto: "¿cuánto nos cobras?". Sigue: "ummmm... 35 ringgits". Calculo: "el autobús cuesta 2 ringgits, 35 por la furgoneta sale a 6 ringgits por persona. 5 ringgits es un euro. Creo que nos lo podemos permitir". Se lo comento al resto de la expedicion y están de acuerdo en no seguir esperando al autobus. Cuando ya nos hemos subido a la furgoneta del vendedor de pescado (que no huele a pescado) aparece el autobús amarillo. A buenas horas...

10h40 a 11h30 - la furgoneta del vendedor de pescado nos lleva sanos y salvos hasta Kuching. Por alguna razon, el escocés le dice que nos deje en el hotel Hilton. El hombre se dirige hacia la zona de descarga de pasajeros del hotel. En el último momento le freno y nos bajamos en la acera frente al hotel. Prefiero evitarme la imagen de seis personas (no alojadas en el Hilton) bajándose de la furgoneta (que no huele a pescado) de un vendedor de pescado (pero que no lo indica así en su furgoneta) cargados de gorros malayos, mochilas sucias y zapatos colgando, y pies sucios y mojados. Una vez en Kuching, cada pareja dirije sus pasos hacia donde bien le parece.

11h30 a 13h - arrastramos la mochila-maleta por el paseo marítimo de Kuching, dedicándonos a la observación de bailes típicos malayos (hay un festival), compra de sarongs (prenda de vestir femenina), conversación con una malaya a la que le gustaría que le diéramos un contacto con un español (mayor de 40 años) para poder chatear con el por Internet (¿algún interesado? tengo su email...). Por lo visto, los españoles (mayores de 40 años) son muy románticos. Comemos excelententemente en un garito (y nunca mejor dicho) chino, por la habitual cantidad (en Malasia) de 1 euro por persona (agua, sopa, verduras, noodles y ternera).

13h a 13h30 - vamos con un chino malayo (y taxista) al aeropuerto de Kuching (y con el taxi).

13h30 a 15h50 - aeropuerto. el avión sale con una hora de retraso.

15h50 a 17h15 - volamos (por unos 30 Euros, con una compañia de bajo coste llamada AirAsia) desde Kuching a Johor Barhu, una ciudad malaya fronteriza con Singapur.

16h30 - en teoría, la operación a realizar es la siguiente: 1) autobús aeropuerto a estación autobuses de Johor Barhu; 2) estación de autobuses Johor Barhu a estación de autobuses Singapur. La practica resultará ser diferente...

16h40 - el único autobús que hay a la vista es para turistas y lo descartamos por considerarlo demasiado caro (2 euros, un robo). Nos dirijimos a la parada del autobus público, de precio mucho más razonable. En la parada, le preguntamos a un hombre que pasa por allí cuál es la mejor forma de ir a Singapur. Nos narra la ya conocida operación que debemos realizar. Luego hace gesto de irse de allí, pero en el último segundo se lo piensa de nuevo y nos dice: "si queréis, os podemos llevar nosotros". Luego añade: "aunque mi coche es muy viejo". Y se ríe. Le seguimos hasta su coche (viejo) donde él y sus dos amigos nos dicen que ellos nos pueden llevar a Johor Barhu y que desde allí podemos coger un autobús a Singapur.

16h40 a 17h30 - nuestros benefactores son libios (de Libia). Están estudiando en Malasia porque es mucho más barato que estudiar en Inglaterra (y en Libia eso de la Universidad no debe de estar muy avanzado). Su coche es muy viejo: hace tiempo que no tiene espejos retrovisores, se hunde cuando nos sentamos (encajados con 2 mochilas grandes y 2 pequeñas) los cinco, y... no arranca. El conductor dice: "First problem: we need to push". Uno de los libios está encajado entre nosotros, y cuando vamos a abrir la puerta él se ríe diciendo: "Second problem: door not working". El que va sentado en el asiento del pasajero abre desde fuera. Empujan, el coche se enciende, y partimos camino de Johor Barhu. En la conversación propiciada por el inmenso atasco de entrada a Johor Barhu se producen conversaciones bastante surrealistas, sobre todo para mí: tener un nivel decente de inglés hace que me bloquee ante personas con niveles de vocabulario y pronunciación variopintos. Como resumen de ese memorable trayecto malayo con tres libios me quedo con un pensamiento aleatorio que se repite una vez tras otra por todo el mundo: vivir en el extranjero te hace juntarte con personas de tu nacionalidad (y lengua) con las que jamás te hubieras dirigido la palabra en tu propio país. Uno de los libios viene del desierto (a proposito de lo cual se crea un chiste entre los que eso del inglés es algo mas que un idioma; por lo visto, es complicado distinguir entre desierto y postre...) pero es un "fashion victim": gorra ladeada, pantalones ajustados, zapatos negros de punta alargada, chaleco, .... Otro de los libios lleva la barba al estilo que estamos acostumbrados a ver en los talibanes (de lo que deduzco, con peligro de equivocarme por ignorante, que observa el Islam en su versión más purista). El conductor es un buen chico de una amabilidad espectacular (me da su número de móvil por si nos pasa algo para que le podamos llamar) y, seguramente, de buena familia (a pesar del coche sin espejos, que no arranca y que no se puede abrir desde dentro).

17h30 - los libios nos dejan en una parada de autobús donde podremos coger un autobús (logicamente) que nos llevará a la estación de autobuses de Johor Barhu. A mí al principio no me queda muy claro qué hemos ganado yendo con ellos hasta esa parada de autobus (en lugar de esperar al autobús en el aeropuerto) pero luego me doy cuenta de lo bien que me lo he pasado con ellos y decido que ha merecido la pena complicar la operación de llegada a Singapur.

17h31 - llega el autobús que va a la estación de autobuses principal, Larkin.

17h50 - llegamos a Larkin. Compramos un billete de autobús para ir a Singapur (que, para los que no lo sepan, que alguno me he encontrado, es un país independiente (y que cuando visité en el año 2002 me impresionó por su nivel de desarrollo, lujo y modernidad)). En los 10 minutos de espera en la estación compramos una hamburguesa muy malaya (picante y hecha en el momento sobre una plancha por un tipo especializado en hacer hamburguesas) y un roti con huevo (una especie de crepe).

18h00 a 18h15 - trayecto entre la estación de autobuses de Johor Barhu y el puesto fronterizo de Malasia. Bajamos del autobus (junto con maletas, mochilas, bolsas y nuestro cansancio).

18h15 a 19h15 - cola caótica y multitudinaria en el puesto de immigración. Tras peleas silenciosas por lograr llegar a la policía que revisa los pasaportes y visados, conseguimos salir oficialmente de Malasia. Esperamos largo rato a que un autobús (de la misma compañía con la que hemos comprado el billete) llegue para llevarnos al puesto de immigración singapureño.

19h30 - llegamos al puesto de immigración de Singapur. No lo entiendo: una frontera está separada de otra por 15 minutos de autobús. ¿Son 15 minutos de tierra de nadie? El autobus durante ese trayecto contiene seres sin país... Sin embargo, empiezo a estar tan cansado que ni siquiera me doy cuenta de que he perdido mi nacionalidad.

19h45 - cola organizada y mínima para pasar el control de pasaportes de Singapur. Hemos saltado en cuestion de minutos desde un país en desarrollo a un país muy desarrollado. El salto me recuerda al paso entre España y Marruecos. Aunque ése era mucho más pronunciado... Alguien me dijo una vez que la frontera España-Marruecos supone el mayor salto económico que uno puede dar en el mundo. Tengo mis dudas, he visto otras fronteras que le van a la zaga: EEUU-México, Republica Dominicana-Haiti, ...

20h30 - llegamos a la estación de autobuses "Queen Street" de Singapur. Por suerte (lo peor de llegar a una ciudad por la noche y cansado es ponerse a buscar hotel), Bet y Esteve nos han reservado habitación en el mismo hotel donde están ellos (Little India guest house, que ellos han encontrado después de 2 horas dando vueltas por Singapur). Lo mejor de este guest house es que está a 15 minutos de la estación de autobuses a la que hemos llegado (por casualidad) y que los dos expedicionarios con peor sentido de la orientación (yo y ella) conseguimos llegar al hotel (y después, a la habitacion) sin perdernos. Tambien por suerte, no llegamos en Domingo: es el día que todos los indios de Singapur se dan cita en la calle para recordar su añorado país (y añadir un poco de ese caos que en la India es endémico).



12 horas de día de transición después, nos damos una ducha, nos cambiamos de ropa y salimos con Bet y Esteve a descubrir la noche (gastronómica) de Singapur.

domingo, septiembre 02, 2007

Merdeka en Taman Negara- Malasia

Nota: Si estáis planeando un viaje a Malasia, os recomiendo que visitéis la guía de Malasia que he escrito recientemente para BuscoUnViaje.com.

Merdeka en malayo significa independencia. La consiguieron (de los ingleses) hace exactamente 50 años, un 31 de Agosto. Por casualidades de la vida (y para coger un vuelo a Borneo), nosotros hemos planificado pasar la noche del 31 en Kuala Lumpur, la capital de Malasia, con lo que esperamos con impaciencia ese dia para ver como celebran los malayos tan señalada fecha.

Estamos en Taman Negara, una de las junglas mas antiguas del mundo. Manana es 31 y debemos volver a Kuala Lumpur (en piragua 3 horas y luego autobus otras 3 horas). Pero como plato fuerte de Taman Negara, estamos planificando pasar esta noche en un escondite-cabaña en medio de la jungla, para ver si conseguimos observar animales (tapires, jabalies, monos, y en muy contadas ocasiones, tigres y elefantes). Comenzamos a hablar con guias para ver quien esta dispuesto a llevarnos a uno de los escondites mas metidos en la jungla, pero ninguno quiere ir porque, segun ellos, esta noche se celebra Merdeka.

Nuestro gozo en un pozo: al igual que el año nuevo se celebra el dia 31, la Merdeka se celebra la medianoche del 30 de Agosto, y no el 31 como originalmente habiamos pensado. No solo no vamos a ver la fiesta de Kuala Lumpur sino que esta noche no vamos a poder ir al escondite. Existe la opcion de ir sin guia, pero la parte femenina de la pareja holandesa con la que nos hemos juntado los ultimos dos dias no quiere pasar la noche sola en la jungla. En cierto modo se entiende, esta embarazada.

Finalmente, decidimos hacer una excursion en el dia al escondite. Ashley, un malayo de un pueblo de la zona, nos ofrece llevarnos en barca hasta un punto del rio desde el que podemos caminar al escondite. Dicho y hecho... No tenemos esperanzas de ver muchos animales, ya que todo el mundo con el que hemos hablado nos ha dicho que la unica forma de ver animales es pasando la noche alli escondidos, puesto que durante el dia se refugian y no se les ve. Durante la caminata por la jungla todos nuestros temores (al menos los mios, habia miembros de la expedicion cuyo miedo era el contrario, es decir, encontrarse con los animales) se confirman: los unicos animales que vemos son las innumerables sanguijuelas que saltan sobre nuestras botas a la mas minima ocasion. Hay que decir que lo de las sanguijuelas ayuda a creerse que uno esta en una jungla tropical y no en un bosque del pirineo (despues de una tormenta) puesto que si no hubieramos tomado las medidas oportunas (calcetin por fuera del pantalon, insecticida en las botas, ...) hubieramos acabado con las piernas llenas de bichos chupadores de sangre.

Llegamos al escondite, una cabaña de hormigon elevada por columnas a unos 12 metros de altura, a la que se sube por unas escaleras muy estrechas (para evitar que suban animales, supongo). Con sorpresa, encontramos que la cabaña esta cerrada con un candado: nadie nos habia prevenido. Bueno, da igual... de todas formas, como es de dia, tampoco vamos a ver ningun animal. La idea consiste en beber un poco, charlar bajo la cabaña, quitarnos las sanguijuelas que se arrastran por nuestros pantalones buscando carne, y volver hacia la barca. Ha sido una excursion y con ello nos contentamos.

Mientras los demas conversan, yo me doy una vueltecilla por los alrededores. Bajo un seto, encuentro unos grandes y enormes y extraordinarios excrementos que parecen frescos. Elefante? No soy un zoologo consumado (ni inconsumado) pero no puede haber muchos animales que defequen bolas de ese tamaño.




Oigo un ruido, como un caballo resoplando. Decido acercarme...

Nada, he cruzado por debajo del seto (y por encima de los excrementos) como un explorador de otro tiempo, pero el ruido que ha llamado mi atencion se ha silenciado. Vuelvo hacia el campamento.

Otro resoplido. Alguien, ya no recuerdo quien, grita: un elefante!!!!!!

Los cuatro intrepidos exploradores comenzamos a correr hacia la cabaña; esta cerrada, pero al menos las escaleras exteriores resultan un buen refugio. Desde alli, observamos todos con la boca abierta, alucinados, todavia sin poder creerlo: tenemos un elefante alli mismo, bebiendo agua del lago salado que hay junto al escondite (al que no podemos entrar). Alli subido, intento recordar la altura que un elefante puede alcanzar con su trompa... espero que no sea 10 metros... porque como se enfade, la llevamos clara.

Pensamos que es un macho (sin ningun fundamento cientifico, simplemente vemos que esta solo y parece cabreado, caracteristicas que atribuimos a los elefantes machos solitarios). Entre los miembros de la expedicion hay posiciones encontradas: la mitad se sube tan alto como puede en las escaleras (mientras comen patatas), mientras la otra mitad decide acercarse al elefante para grabar un video y hacer fotos. Curiosamente, dicha separacion en actitudes elefantiles se corresponde con la longitud del pelo de las personas en cuestion. Este punto debe estudiarse en el futuro, quizas estemos ante una correlacion significativa.

Bajo unos arboles, oculto por un seto, observo al elefante absorber agua con su trompa, mientras mueve constantemente de forma pendular su cola. Es uno de esos momentos tan increibles que a veces se producen en los viajes que uno no acierta a cerrar la boca, que la emocion le desborda y dan ganas de gritar. Adrenalina y alegria y sensacion de estar haciendo algo mas que vivir. En el Serengueti vi muchisimos elefantes, pero no es lo mismo observalers desde un todo terreno junto a unos japoneses haciendo fotos que hacerlo en una jungla malaya, desde el suelo y sin haber esperado encontrarlo. Incluso los guias con mas experiencia en Taman Negara no han visto mas de 2-3 elefantes en toda su vida, y nosotros estamos alli, a unos metros de un ejemplar (macho, solitario y enfadado).

Las dos mitades de la expedicion vuelven a reunirse en lo alto de las escaleras. Hay opiniones para todos los gustos: 1) alucinante, voy a intentar acercarme mas; 2) quiero irme a casa, ahora mismo; 3) un elefante... yo preferiria verlo con un cristal blindando entre nosotros; y 4) espectacular, un elefante! aqui al lado! viva!

Se produce una votacion y se decide permanecer en lo alto de las escaleras hasta que el elefante se vaya. El lago (charco) en el que el elefante bebe esta en un punto diferente al del camino por el que tenemos que volver a la piragua, pero si algo se aprende en los documentales es que los animales corren mucho mas de lo que aparentan a primera vista. Asi que a esperar se ha dicho... (con pequeñas incursiones de dos miembros de la expedicion hacia posiciones mas cercanas al elefante). La bolsa de patatas se acaba, los litros de agua que bebemos se sudan, las escaleras parecen mas bajitas cuando el elefante barrita, ... Y yo soy feliz.

El macho solitario (y cabreado) se lo toma con calma. Bebe, menea la cola, se da un paseo hasta cerca de la cabaña (viene hacia aqui! corred a las escaleras!), agita un arbol, camina alrededor de la cabaña (semi oculto por la maleza), dobla un arbol en dos (nos esta demostrando su fuerza! - grita alguien), y se aleja por la espesura. Lo mas impresionante de su caminar: lo silencioso que llega a ser a pesar de su gran volumen y de lo espeso de la jungla.

El elefante se ha ido y nosotros emprendemos el camino de regreso. No hablamos demasiado, cada uno esta interiorizando la experiencia vivida. Cuando llegamos a la piragua, Ashley, que ha preferido quedarse pescando en lugar de venir con nosotros al escondite, pone cara de sorpresa mayuscula cuando le contamos que hemos visto un elefante. Cuando luego llegamos de vuelta a Kuala Tahan, el pueblo central del Taman Negara, Ashley le cuenta a todo el mundo que hemos visto un elefante. Todos, turistas y locales, se acercan a nosotros para que les enseñemos el video. Somos la atraccion de la jungla. Cuando caminamos por la calle, todos nos señalan con el dedo. Un padre le dice a su hijo: "hijo, esos son los que han visto el elefante".

Por la noche celebramos Merdeka de una forma muy diferente a lo que habiamos planificado: orquesta de rock duro malaya en un local de conferencias, con otros 30-40 malayos y malayas. Ellos, algo borrachos en su mayoria, bailan. Ellas observan. La leccion que yo extraigo: tengo que venir a vivir a Malasia. Por fin he encontrado un pais donde todos bailan como yo. Lo digo en serio: bajan el culo, mueven las manos electricamente, y ponen cara de bobalicones. Para autodemostrarme que no me engaño, salgo a bailar con ellos y efectivamente, ni una mirada rara: todos observan mi baile como a un igual, como alguien que siempre ha bailado al estilo malayo y no lo sabia hasta ahora. Si es que viajar tiene estas cosas... uno siempre reencuentra retazos de si mismo con los que comprenderse mejor (y a veces, por casualidad, uno tambien se encuentra un elefante).

(sin tildes por culpa del teclado)

jueves, agosto 30, 2007

Malasia - Ipoh

Nota: Si estáis planeando un viaje a Malasia, os recomiendo que visitéis la guía de Malasia que he escrito recientemente para BuscoUnViaje.com.

El problema (y la ventaja) de viajar por libre es que uno suele acabar, al menos una vez por viaje, atascado en alguna ciudad de esas donde la guia unicamente acierta a decir algo asi como "En la apolillada ciudad de X el viajero no tendra muchas oportunidades de...". Las razones para encontrarse en una ciudad-sin-salida pueden ser multiples: una conexion perdida: una ciudad en la que solo hay un autobus al dia (preferiblemente a las siete de la manana); el ultimo barco ya ha salido; ... En estos casos, uno se ve obligado a confiar la alegria del viaje al buen humor propio y no a los encantos de la ciudad en cuestion.

Ipoh, en el estado de Perak, en las faldas de Cameron Highlands, es un buen ejemplo de tal ciudad 'apolillada'. En cierta manera, Ipoh me ha recordado a Eskisehir, en Turquia, una ciudad donde ya hace unos anos quede atrapado (junto a tres companeros de viaje) por falta de trenes. A primera vista iba a ser un dia desastroso, ya que habiamos llegado al punto de la manana y no habia ningun tren que saliera de alli hasta la noche, y lo unico por lo que Eskisehir resaltaba era por tener una de las prisiones mas grandes de Turquia. Finalmente, el dia que pasamos en Eskisehir lo recuerdo como uno de los mejores de aquel interrail 1997, ya que conocimos a dos turcos muy divertidos (con los que compartimos viaje dos dias), organizamos una aglomeracion en la entrada de unas tiendas cuando nos pusimos a hacer malabares y la policia vino a pedirnos que fueramos a otro sitio (a un restaurante donde el dueno nos dio comida a cambio de hacer malabares para sus clientes), y otras aventuras que ahora no vienen al caso porque estoy en Malasia, y no en Turquia.

Cuando dentro de 10 anos piense en este viaje, estoy seguro de que algo similar a Eskisehir ocurrira con Ipoh.Hemos llegado esta manana desde Tanah Rata, con intencion de coger un autobus hacia Cherating, en la costa este de Malasia. El problema? No hay autobuses hasta las 20h30, y ademas estan todos completos menos uno en el que quedan dos plazas. Continuacion del problema? No tenemos dinero malayo (ringgits), ya que ayer olvidamos cambiar dinero. Mas problemas? Es sabado y los bancos estan cerrados, la compania de autobuses no quiere coger dolares y los cajeros automaticos no admiten nuestras tarjetas de credito.
Con los problemas muchas veces surge la diversion, y gracias a todos los inconvenientes mencionados, Ipoh se ha convertido en un lugar especial. Algunas razones: los chicos que nos han cambiado dinero (Nos querian dar los ringgits sin que les dieramos nada a cambio! Estos no habian escuchado nunca el timo de "me he quedado sin dinero para el autobus a Pamplona"); la tienda de juguetes; el taxista de risa histerica que cada vez que deciamos algo en malayo rompia a llorar de la risa; descubrir que la estacion de autobuses no estaba donde creiamos que estaba, y encontrarnos por casualidad con un autobus que iba a la estacion de autobuses; el cafe frente a la mezquita; las partidas de cartas a un juego inventado sobre la marcha; etc etc.
A veces nos empenamos en ir a sitios cuando lo que buscamos esta en todas partes; o en Eskisehir; o en Ipoh.
(sin acentos ni esa letra tan espanola por culpa del teclado)

lunes, agosto 20, 2007

Malasia - Kuala Lumpur

Nota: Si estáis planeando un viaje a Malasia, os recomiendo que visitéis la guía de Malasia que he escrito recientemente para BuscoUnViaje.com.

Kuala Lumpur es una ciudad en la que la salsa no ha ligado con los ingredientes, por lo que seria imposible hacer un relato continuo de la ciudad. En consecuencia, para describir la capital de Malasia, unicamente me atrevo a enumerar (discretamente) su principales caracteristicas:

- Los motoristas llevan puesta la chaqueta al reves, la espaldera cubriendo el pecho, la manga izquierda en el brazo derecho y la derecha en el izquierdo. Por que? Lo desconozco... Este va a ser mi principal objetivo durante el viaje, la pregunta que le hare a todo malayo con el que me cruce.

- La poblacion se divide en tres razas: chinos, malayos e indios. Cada uno con su cultura, lengua y religion. A primera vista, no tengo la impresion de que hay mucha mezcla inter-racial. Los hombres chinos miran fijamente los pechos de las mujeres con las que se cruzan. Los hombres malayos sonrien mucho. Los hombres indios ni miran los pechos ni sonrien. Es una simplificacion, lo admito, pero esta es la mejor regla par distinguir entre razas.

- En la zona mas rica de la ciudad, muchas mujeres van totalmente cubiertas de negro. De la cara unicamente se ven sus ojos. Sin embargo, estas mujeres suelen ir de la mano de un hombre. En otros paises en los que habia visto mujeres asi, estas siempre iban por detras de 'su hombre', como si la mujer fuera un simple accesorio. Aqui, a pesar del velo total (y opresivo, desde mi punto de vista), parecen tratarse como iguales (aparentemente).

- La mayoria del centro de la ciudad es una sucesion de centros comerciales (de diferentes niveles y precios), carriles de coches y aceras minusculas. Al salir de las calles principales, uno se sumerje un poquito en China, otro poquito en la India y supongo que tambien, por definicion, en mucha Malasia.

- Las principales aventuras malayas ocurren en los vateres, sobre todo si eres mujer (y nacida en Barcelona). En dos simples incursiones a baños de la ciudad, una mujer que yo conozco (de Barcelona) ha logrado inundar un baño (sin llegar a utilizarlo) y a rociarse la cara con un chorro de agua (originalmente ideado para rociar otra parte del cuerpo).

Continuara...

(texto sin acentos por causa involuntaria: teclado malayo (i.e. eeuusiano))

miércoles, agosto 15, 2007

Finaliza el Interrail de la Amistad

Con este post finaliza la degustación del Interrail de la Amistad. Las etapas han sido las siguientes:

- Marsella
- Antibes (y Juan-les-Pins)
- Lausana
- Zurich
- Tübingen
- Amsterdam (y La Haya)
- París

He dado muchos pasos (y pedaladas) (y pasos de baile) (y risas en un río).

Aquí podéis leer guías de viaje de Europa que hemos escrito en BuscoUnViaje.com

París - Definición de gran ciudad

Nota: Si estáis planeando un viaje a Francia, os recomiendo que visitéis la guía de Francia que he escrito recientemente para BuscoUnViaje.com. También tenemos una guía de París.

Una gran ciudad se define por el siguiente hecho: la mayoría de los locales llevan un plano de su propia ciudad; no sólo por sus dimensiones, sino porque a menudo se ven inducidos a visitar zonas de la ciudad que desconocen. Un concierto, una parada de metro que desconocen, una película que sólo echan en un barrio que les es ajeno, ... siempre hay una razón para llevar un plano encima en lugar de únicamente cogerlo cuando lo necesitan. En París, mucha gente lleva un plano de su propia ciudad.

Por supuesto, hay grandes ciudades con ciudadanos que viven en pequeñas ciudades. Alguien que vive en una urbe de 10 millones de habitantes pero que nunca sale de su calle es un pequeño ciudadano. En algunos raros casos, hay grandes habitantes que viven en pequeñas ciudades.

París es una gran ciudad llena de grandes habitantes (entre otros, una pareja con nombre de presidente brasileño y con juego de memoria para niños). Además, como en toda gran ciudad, también se ven cosas extrañas: dos turistas sobre un puente del Sena, observando los palacios parisinos, con una guía abierta por la página con el plano... ¡el plano de Londrés! No supe interpretarlo... Tampoco logré entender como podía ser que en el Boulevard Saint Martin hubiera una tienda que vendía libros a 20 céntimos de euro. A pesar de llevar la maleta a reventar, no pude evitar comprarme 7 libros más...

Las grandes ciudades también suelen tener grandes lugares donde acudir. El gran lugar a visitar del pasado domingo (último día de viaje de mi Interrail de la Amistad) fue la exposición temporal del Museo de Orsay "De Cézanne à Picasso - Chefs-d'ouvre de la galerie Vollard". La descripción de lo magnífico de los cuadros y los pintores allí mostrados se la dejo a los expertos. A mí lo que más me impresionó fue la segunda parte del título: Vollard. Por las manos de este galerista francés pasaron (antes de ser mundialmente reconocidas) obras de pintores como Cézanne, Van Gogh, Degas, Renoir, Gauguin y Bonnard. A veces, un solo individuo sí que puede dejar su marca en la historia, o al menos ayudar a otros a dejar sus propias marcas. Cuando veo, leo o escucho a una persona que realmente ha contribuido a cambiar una disciplina, siempre pienso (aleatoriamente) lo mismo: ¿se daba cuenta él de lo que hacía?

"Las mujeres más bellas de la historia nunca vieron su retrato más veces dibujado o esbozado que el de Vollard: Cézanne, Renoir, Rouault, Bonnard y otros... Todos ellos lo hicieron en un espíritu de competición, cada uno buscando mejorar a los otros." - Pablo Picasso

Paris - 27.300 pasos (y pedaladas) (y pasos de baile)

La Haya - Visitando lo que 'es', y no lo que 'ves'

Nota: Si estáis planeando un viaje a Holanda, os recomiendo que visitéis la guía de Holanda que he escrito recientemente para BuscoUnViaje.com. También tenemos una guía de Amsterdam.

Hemos ido a ver el tribunal internacional de La Haya. ¿Por qué? Porque el ser humano (y yo, y los que me acompañaban, pertenecemos a dicha especie) disfruta visitando lugares sobre los que previamente ha leído, oído, visto o aprendido algo. La prueba está en que en los museos las mayores aglomeraciones se forman frente a los cuadros que aparecen en los libros de texto (y esta aglomeración no se explica porque las personas en cuestión sean expertas en arte y hayan deducido que están ante un gran cuadro). Nuestro gusto por lo conocido también queda patente en las librerías: en su constante coger y dejar libros, uno dedica mucho más tiempo a uno que ya se ha leído (y que por tanto, no va a comprar) que a uno que todavía está por leer. Y por esa preferencia humana por lo conocido, por el terreno ya recorrido en cierta manera, hoy nosotros hemos dirigido nuestros pasos hacia el tribunal internacional de La Haya.

Tengo que decir que el palacio donde está dicho tribunal merece por sí mismo una visita (no así el edificio de la ONU en Nueva York, otro sitio sobre el que se ha leído u oído mucho pero que no merece la pena ser visto). El tribunal es, por resumirlo en pocas palabras, un gran palacio-castillo lleno de cosas puntiagudas. Muy adecuado para juzgar al tipo de personas que se 'alojan' entre sus muros. Fuera del palacio, un chino exhibía unos carteles pidiendo que se paren las torturas en China a los que pertenecen a la secta (religión) Falung Gong.

Frente a la conveniencia o no de visitar el palacio, el resto de La Haya demostró merecer la pena ser visto, aunque nunca se hable de esos otros aspectos de La Haya. Como principales atracciones de la ciudad, una tienda llena de gadgets y el Mauritshuis, un museo dedicado a pintores como Rembrant, Vermeer o Holbein. La chica de la perla, en especial, me hizo recordar que a veces hay una razón por la que se ha hablado tanto de algunas cosas...



Amsterdam + La Haya - 19.952 pasos

Amsterdam, o lo no-evidente

Nota: Si estáis planeando un viaje a Holanda, os recomiendo que visitéis la guía de Holanda que he escrito recientemente para BuscoUnViaje.com. También tenemos una guía de Amsterdam.

Siempre me han gustado los objetos con los que no es evidente a primera vista qué hacer con ellos. Por ejemplo, a lo largo de los años he ido coleccionando lo que mis amigos llaman 'pijadas' y que yo denomino 'gadgets': entre otras cosas, tengo un levitron, una elipse de la ilusión, una power ball, varios bolis del espacio y un sacacorchos que no requiere girar nada para sacar el corcho. Pero mi gusto por lo no-evidente no se reduce a los objetos dotados de mecanismos sorprendentes (como los anteriormente descritos) sino que se extiende a otras situaciones, como por ejemplo supermercados de comida exótica, tiendas muy especializadas en deportes que desconozco o mercadillos callejeros de segundo nivel. Holanda ha demostrado ser un lugar excelente donde desarrollar mi afición por lo no-evidente.

Paseando por Amsterdam con uno de los pocos amigos que he logrado mantener desde los 14 años (y por tanto, por definición, un buen amigo) vimos un supermercado oriental. El primer impulso que me incitó a entrar fue el gusto por desfilar frente a estanterías pobladas de alimentos totalmente desconocidos. No hablo de que en estos supermercados se encuentre otro tipo de fideos o empanadillas extrañas, sino que allí se ven cosas que uno únicamente deduce que son comestibles porque están dentro del supermercado, ya que en caso de encontrarlos en una ferretería se podría llegar a pensar que son maderas para el suelo, un tipo especial de pegamento o polvos antihormigas. El primer impulso hacia lo desconocido no se vio defraudado, y el supermercado oriental en cuestión estaba lleno de productos cuya forma de cocinar, manera de comer o función nos era totalmente ajena. Luego, como suele ocurrirme en estos lugares, no pude evitar comprar unas obleas de arroz, a lo que siguieron unos fiong su ye (nombre inventado), algas, wasabi, soja, vinagre de arroz y demás ingredientes (semiconocidos) necesarios para hacer una cena oriental. Y como me suele ocurrir también en estos lugares, me quedé con ganas de comprar alguno de los alimentos desconocidos, para al menos intentar imaginar cómo hacerlos. Lo único que me frenó fue el recuerdo del tamarindo que una vez compré en Barcelona y que tuve que tirar a la basura tras haber estado en mi nevera varios meses sin lograr encontrar el día en el que echarlo a un plato.

Además de sus supermercados orientales, Amsterdam tiene otras cosas que lo hacen no-evidente. Si uno llegara a esta ciudad sin haber recibido previamente información sobre la misma, la sucesión de no-evidencias le sería abrumadora (y por tanto placentera): la preferencia por la bicicleta en un país de clima infame, la multitud de canales, las señoritas (y no tanto) tras los escaparates, la altura de sus gentes, la legalidad de las drogas (y los pocos holandeses que las consumen), el idioma lleno de sonidos 'J', lo civilizado del país, ... No sé si en algún lugar existe un país perfecto, pero lo que tengo muy claro es que si algún día lo encuentro, seguramente observaré en él muchas de las características de Amsterdam...

Claro, el clima no será una de ellas...

Amsterdam - 11.487 pasos (y pedaladas)

miércoles, agosto 08, 2007

Tübingen - Idiomáticamente tímido

Nota: Si estáis planeando un viaje a Alemania, os recomiendo que visitéis la guía de Alemania que he escrito recientemente para BuscoUnViaje.com. También tenemos una guía de la Selva Negra.

Tanto tiempo viviendo y viajando por lugares donde comprendo y hablo la lengua del lugar ha tenido un efecto perverso sobre mi personalidad: me he vuelto un tímido de las relaciones inter-linguales. El disparo de salida a la timidez se produjo en Zurich con un suizo-alemán que sólo hablaba suizo-alemán, pero en Tübingen esa sensación se ha acentuado. Tanto, que ayer me encontré sin palabras cuando una chica me preguntó si la encontraba preciosa...

En Tübingen he abierto un pequeño paréntesis en el interrail de la amistad para volcarme en el interrail de la familia. Gracias a este cambio, durante dos días he podido mostrarme tal y como realmente soy, y no como mis amigos piensan que soy. Por ejemplo, en Tübingen no he tenido que comer pepino, contrariamente a lo que sucedió en Marsella, Antibes y Zurich, donde se me sirvieron sendas ensaladas de pepino y tuve que enfrentarme a ellas con la ayuda de abundante mostaza y de esa capacidad que los hombres de mi familia tienen de bloquear mentalmente ambas fosas nasales. ¡En los tres sitios! ¡Pepino! ¿Alguien les había dado el chivatazo?

Sin embargo, en casa de mi primo para desayunar, o en casa del otro primo para cenar, no tuve que comer pepino. A esta anormalidad pepinil -dentro de lo que es este viaje- ayudó el que a la mujer de uno de mis primos tampoco le gustara el pepino -ni tampoco la rúcula- y que además, para asegurarme una cena "pepino free", me ofreciera (con éxito) a cocinarles una lasagna (sin pepino).

Decía antes que Tübingen y el alemán han sacado a relucir esa timidez idiomática que creía enterrada tras haber pasado muchas horas de mi juventud (todavía en curso) en contextos donde no entendía una palabra. En aquella época, por ejemplo en Lausana cuando llegué en el 97, no tenía ningún problema en probar con las tres palabras que conocía, o en caso de fracaso comunicativo, en pedirles que me hablaran en otro idioma o por gestos. Sin embargo, todas aquellas experiencias han debido de quedar olvidadas, porque en la panadería, en el bar o en el kiosco de Tübingen, ante los chorros conversacionales de los dependientes, lo único que he logrado ha sido poner mi cara de niño bueno y darles pena. Esa ha sido mi única arma... era incapaz de pronunciar una sola palabra; y todo por culpa de ese primer incidente traúmatico en una gasolinera entre Tübingen y Bebenhausen.
Me subo a la bicicleta de mi primo y dirijo mis pedales hacia el monasterio de Bebenhausen, a unos 7 kilómetros de Tübingen. He olvidado coger agua y el calor es asfixiante, así que cuando veo una gasolinera paro un momento para comprar una botella de Volvic (y un helado, claro). Cuando voy a pagar, la dependienta, que ya al entrar me ha lanzado varias frases que al no entender he ignorado elegantemente, me suelta una retahíla de palabras que yo no alcanzo a situar en el contexto 'gasolinera'. Además, la lección de "Los Combustibles" me la debi de perder en mis cursos de aleman. Cuando ya voy a sonreír con mi cara de 'no me pegues' se me ilumina la bujía: "seguro que me está preguntando por el número de surtidor en el que he llenado el depósito de mi coche".
- Nein, nein. Keine brrrrr. Ich (hago el símbolo internacional de ir en bici). (Sonrío confiadamente)
Su mirada me transmite claramente que mi respuesta no tiene ningun sentido, al menos en relación con la pregunta -o afirmación- que ella había hecho. Por lo menos, pienso desde mi sonrojo, ahora ya sabe que no hablo alemán. Se lo he dejado bien claro.
La chica es una auténtica profesional, y como le han dicho que tenía que ser cordial con todos los clientes (incluso con los que solo han comprado una botella de agua (y un helado) y responden cosas raras mientras hacen ruidos), decide proseguir la conversación como si no hubiera ocurrido nada:
- Am I beautiful today?
Yo me froto los oídos y me destapono los ojos. ¿Está bonita hoy? ¡Y yo que sé! ¡No sé cómo estaba ayer! ¿Se habrá levantado especialmente radiante y lo comparte con todo aquel con quien se cruza? La observo... Fea no es... ¿pero bonita? ¿bella?
Vaya problema en el que me ha metido. A lo mejor su felicidad depende de la afirmación de su belleza, y yo podría arruinarle el día si no contesto positivamente. Pero... si le digo que hoy está very beautiful, quizas lo considere un compromiso y me lleve a conocer a sus padres y tenga que quedarme varias décadas en estas tierras de prados, riachuelos, heidis y tejados inclinados. ¡Y yo quiero volver a mi casa! ¡Qué gran dilema!
La chica interrumpe mi (larga) línea de pensamiento con una nueva frase:
- ¿No English?
¡Salvado! ¡Eso es! ¡No la he entendido! ¡Ni siquiera soy consciente de que me acaba de preguntar si estaba preciosa hoy!
Pongo mi cara de no entender nada y ella asiente comprensiva. Le digo (en español) que soy español y ella me dice que no, que ella es turca. Para compensarlo, me da un bombón que aunque no me gusta acepto gustoso. He aprendido la lección: un silencio y una sonrisa son más efectivos que unas palabras y unos gestos. Ya lo dijo el profera: "cállate, Ra y Mon".
Tübingen - 11,804 pasos (y pedaladas)
[Nota: mientras quito la cadena de mi bicicleta a la salida de la gasolinera y observo feliz el sol y la brisa y el color verde brillante de los prados, la solución cae sobre mí como un rayo sobre una vaca pastando: "What a beautiful day".
Pienso en volver a entrar en la gasolinera y decirle a la chica que efectivamente hace un día muy bonito, pero estoy tan sonrojado que decido subirme a la bicicleta y continuar mi camino hacia Bebenhausen como si nunca hubiera pasado nada.]

domingo, agosto 05, 2007

Zurich - Reirse

Nota: Si estáis planeando un viaje a Suiza, os recomiendo que visitéis la guía de Suiza que he escrito recientemente para BuscoUnViaje.com.

La risa incontrolada es a la felicidad lo que la pasión al amor. Una sin la otra tiene menos sabor que ambas en reunión pero cualquiera de ellas por separado es infinitamente superior a la apatía de los sentidos. La combinación, como siempre ocurre con las simbiosis, es el objetivo que nos impulsa a vivir.

Yo conozco un lugar en Zurich donde la risa incontrolada está garantizada. Ese lugar se define por los elementos que lo forman: el río Limmat, una gruesa cuerda atravesándolo de orilla a orilla, y un montón de gente agarrada a la cuerda luchando contra la fuerte corriente. A primera vista es un lugar simple, lo sé, pero es lo que tienen la risa incontrolada y la pasión: para pasarlo bien no hace falta nada demasiado complicado.

La idea es la siguiente: el Limmat atraviesa Zurich, y los días que hace bueno las orillas del río se llenan de bañadores y bikinis. A lo largo de las represas del Limmat se forman piscinas y corrientes, lo que la gente aprovecha para 1) saltar con cuerdas a lo Tarzán; 2) hacer surf sobre el río sujetados a una cuerda que baja desde un puente; 3) nadar; y 4) practicar el deporte de la cuerda. Todas estas actividades se ven favorecidas por el hecho de que el Limmat es al río Ebro lo que un frasco estéril a un cubo de basura.

El deporte de la cuerda es sencillo. Primero saltas al río desde un puente. Luego, te dejas llevar por la fuerte corriente hacia la cuerda travesera, donde otros ya están agarrados. Al llegar a toda velocidad hasta la cuerda, intentas agarrarte a ella, evitando que se te meta entre las piernas o que te deguelle. Una vez bien sujeto con ambas manos, sacas la cabeza del agua, respiras, te ríes (histéricamente), empujado por la corriente vuelves a meter la cabeza en el agua, sacas la cabeza, respiras, te ríes, ríes, tragas agua, boqueas, metes la cabeza, respiras, te ríes, ... La corriente es muy fuerte, lo que no impide que los más expertos cordiles hagan maravillas sobre la cuerda, como por ejemplo tumbarse corriente arriba sujetándose con los pies. Cuando consigues colocarte de esa manera, la risa aumenta, puesto que sólo tienes dos obligaciones: reír y no cometer errores. Reír sobre todo viendo como la mayoría de los cordiles luchan por tumbarse, con un alto porcentaje que son arrastrados por la corriente, incapaces de tal hazaña. Además, cuando uno logra tumbarse apoyado en la cuerda, la mayoría de los agarrados con las manos se tienen que dejar llevar río abajo, puesto que al hundir la cuerda con los pies la gente debe decidir entre seguir agarrada o morir ahogados. Y casi todos los débiles deciden dejarse ir y respirar. Es lo que tienen los deportes de riesgo...

En la cuerda reina una chica de grandes ojos negros, mofletes abundantes y embutida en carnes. Imagino que ha alcanzado esa complexión física por ser la óptima para este deporte: esta chica es la mejor cordil de la historia con diferencia. Ella siempre ríe, puesto que nunca la tira nadie, jamás es arrastrada por el río, es capaz de permanecer durante horas (¿días?) tumbada sobre la cuerda. En el intervalo temporal trancurrido entre mi bautismo cordil y mi despedida (triunfal), el río me ha arrastrado 9 veces. Al principio por cometer errores de principiante (e.g. atacar la cuerda antes de haber alcanzado el equilibrio) y otras por luchas titánicas con otros cordiles. En ese intervalo, la reina ni siquiera ha tocado la cuerda con sus manos: sólo necesita utilizar sus pies. Es más, ante la acometida salvaje de un suizo de gran tonelaje que nos ha tirado a todos los demás de la cuerda, la reina se ha puesto en pie, ha corrido sobre el agua riéndose estruendosamente y luego se ha vuelto a tumbar. Yo, mientras la corriente me arrastraba hacia la parte tranquila del río, me decía para mis adentros: "es la reina... si esto fuera un deporte olímpico, ella sería la Sergei Bubka de la cuerda, la Ronaldihna cordil, la Phelps del Limmat".

Mientras volvemos hacia el puente para saltar de nuevo, mi ex-vecino de residencia (en Lausana), amigo y anfitrión en Zurich, me comenta: "eres muy bueno, muy pocos logran tumbarse sobre la cuerda en su primer día". Yo le sonrío de vuelta, aceptando el cumplido, puesto que es verdad: cuando se ríe incontroladamente y además se es feliz, uno se siente capaz de todo, incluso de tumbarse sobre la cuerda del Limmat y correr sobre ella. Esto debería enseñarse en todas las escuelas del mundo...

Zurich, 13,610 pasos y pedaladas (+ 1 hora de risa feliz sobre la cuerda)

sábado, agosto 04, 2007

Lausana - recorriendo el pasado II

Nota: Si estáis planeando un viaje a Suiza, os recomiendo que visitéis la guía de Suiza que he escrito recientemente para BuscoUnViaje.com. También tenemos una guía del Lago Lemán.

La primera conclusión de mi paso por Lausana es que los dos años y medio que pasé en Suiza fueron mejores que los dos años y medio que pasé en Francia. En Lausana, el número de sonrisas al ver un lugar "especial" ha triplicado al número de sonrisas que aparecieron en mi cara durante los paseos por Antibes. Esta observación me ha llevado a crear la que llamo "teoría de la sonrisa reveladora": la importancia vital de un lugar de tu pasado es proporcional a la duración total de las sonrisas producidas mientras lo visitas. Esta teoría no se basa únicamente en un capricho mental aleatorio, sino que ha quedado demostrada por el método científico: al final de mi visita al Lausanne el podómetro marcaba el triple de pasos de los que di en Antibes.

Los países se diferencian entre sí únicamente en tres aspectos: la presión del agua en la ducha, el precio de las pizzas y luego, otros detalles. En Suiza, el agua sigue saliendo a tal presión que dar por finalizada la ducha es más complicado de lo que ya suele serlo. Por otro lado, el país que en el 97 me pareció escandalosamente caro para salir a cenar, ahora se revela barato en comparación con la España del euro. Finalmente, el resto de detalles siguen más o menos igual que por aquel entonces: 1) sufro cuando hago el más mínimo ruido pasadas las 10 de la noche (los vecinos probablemente denunciarán al futuro matrimonio que amablemente me acoge en su casa); 2) sufro al no saber en que basura tirar el tetrabrick (la policía de basuras problamente detendrá al anteriormente citado futuro matrimonio, impediendo su boda por culpa de un mal reciclaje); 3) suspiro al ver levantarse la montaña sobre el lago Leman; 4) vuelvo a suspirar al ver los viñedos aterrazados entre los tejados de las casas de campo suizas que a su vez se reflejan en el lago; y 5) compito con la señora de la panadería sobre quién dice más veces "merci", "bon journée" y "service" (gana ella, por supuesto).

He comido pan, queso y salsichón frente al lago, en el barrio de Ouchy. Lo más divertido (para los demás) ha sido que a las abejas les gusta el salchichón y eso ha implicado varias carreras y manotazos al aire. Lo más triste es que allí me he dado cuenta de que había perdido mi cámara de fotos nueva, la que me regalaron entre los compañeros de trabajo al terminar la tesis. Lo más profundo es que allí, con los reflejos del sol animando a los cisnes a desplegar sus alas sobre el lago, he llegado a la conclusión de que los lugares, transcurrido un tiempo, dejan de transmitirte energía. Cada lugar difiere en lo que te puede aportar, y por eso es importante estar alerta para detectar cuando ha llegado el momento de cambiar, de reinventarte. En Antibes me quedé demasiado tiempo. En Lausana podía haberme quedado un poco más. Nueva York y San Francisco me supieron a poco. Santo Domingo ni siquiera llegué a entenderlo. En Barcelona todavía no veo el final. Y Zaragoza siempre es mi casa, independientemente de dónde esté mi casa.

Está bien sentarse frente a un lago y entender estas cosas.

Lausana, 15,597 pasos

viernes, agosto 03, 2007

Antibes, Juan les Pins - Recorriendo el pasado

Nota: Si estáis planeando un viaje a la Costa Azul, os recomiendo que visitéis la guía de la Costa Azul que he escrito recientemente para BuscoUnViaje.com.

Cuando uno vuelve a un lugar donde vivió hace años, el principal interés no está en visitar monumentos o en tumbarse sobre una hamaca en la playa. Cuando han pasado varios años desde la última vez que estuvo allí y uno sólo tiene unas horas que dedicarle al lugar que fue su casa, sus pasos - o su bicicleta- probablemente se dirijirán hacia su antiguo hogar. Los más intrépidos puede que incluso llamen a la puerta (a "su puerta") y, si hay suerte, hablen con los nuevos habitantes; los más tímidos, simplemente nos asomaremos por la verja e intentaremos divisar qué hay ahora en el jardín que nosotros manteníamos lleno de girasoles. Una vez comprobado que la casa sigue allí, uno puede pasar a visitar el resto de lugares que le eran importantes hace años: el bar del café liegois, la papelería donde nunca tenían "El Pais" los domingos, el supermercado lleno de quesos, la discoteca que procuraba evitar, el trozo de playa donde iba a leer, ... Normalmente, cuando uno vuelve a su pasado tambien suele visitar su antiguo lugar de trabajo, pero si la única compañera que ha sobrevivido al consulting está de baja maternal - y ya la has visto porque te acoge en su casa- y tu antiguo jefe se acaba de divorciar de su mujer (después de pelearse a puñetazo limpio en el aparcamiento que está frente a los ventanales donde la gente trabaja) porque se ha liado con una de las secretarias de la oficina, uno evita esa visita y se limita a pasearse mientras añora sin melancolía esos años en los que trabajó poco, viajó a menudo, escaló frequentemente con el mediterraneo de fondo y cultivó muchos girasoles.

Antibes y Juan les Pins, 5.613 pasos + pedaladas

miércoles, agosto 01, 2007

Marsella - Viajes con Kapuscinski

El primer viaje de Kapuscinski al extranjero fue a la India. Lo cuenta en su libro "Viajes con Herodoto". Al leer el pasaje en el que narra su llegada a Delhi he sentido uno de esos escalofríos que, expandiéndose en ondas alrededor del plexo solar, te despierta por dentro y te traslada a sentimientos pasados.

A su llegada a Delhi, Kapuscinski está perdido: no habla ningún idioma aparte del polaco, nadie le ha dicho dónde ir, no sabe qué hacer; es incapaz de tomar ninguna decisión. Se está enfrentando a algo que le supera, y su única defensa es no hacer nada, no moverse, no llamar la atención, con la esperanza de que el paso del tiempo le lleve hacia una solución espontanea. Finalmente, su solución se materializa en la forma de un indio que, sin intercambiar palabra, le hace subir a un autobus, le lleva hasta la ciudad y le deja frente a la puerta de un hotel.

Al leer su bloqueo, su incapacidad de reaccionar, he sentido un escalofrío. Este escalofrío no ha venido provocado por la solución inesperada, sino por su descripción de ese sentimiento -agradablemente incómodo- de verse superado por los acontecimientos. La población mundial puede dividirse entre dos tipos de personas, los que constantemente trabajan para evitar la novedad y los adictos a la experiencia por superar. La felicidad es posible en ambos grupos, y la infelicidad está en pertenecer al uno y pretender estar en el otro.

En su segundo viaje al extranjero, a China, Kapuscinski hace referencia al hecho de que allí no se sintió tan desvalido porque parte de la experiencia en China era similar a su primer viaje a la India, y por tanto se movía en un terreno más familiar. Esto muestra claramente que el segundo grupo de humanos, los que buscan enfrentarse a situaciones que les superan, tienen la ventaja - y el inconveniente- de que cada vez es más difícil encontrar desafíos que les paralicen. Una vez que has conseguido moverte después de una de esas parálisis, todo lo que ha provocado esa inmovilidad queda superado. En cierta forma es como vacunarse contra ese tipo de situación. Mi única problema con esto es que, así como con las enfermedades es bueno estar vacunado y no caer enfermo, vacunarse contra el nerviosismo vital le quita gracia a la existencia, aunque al mismo tiempo te permite disfrutar de una forma tranquila de esas sensaciones que sin la vacuna nunca hubieras conocido. ¿Qué es mejor? ¿Hacer como uno que yo conozco que nunca viaja a ningún sitio para no agotar las posibilidades de vacaciones cuando sea mayor? ¿O querer ver todo ahora y ya e ir vacunándose contra todos los sentimientos de novedad?

Yo estoy bastante vacunado de interrail y Europa. Sin embargo, a pesar de la vacuna estoy disfrutando de estas largas charlas alrededor de una buena cena y amigos reencontrados, de esos paseos por inclinados y estrechos barrios como Le Panier, junto al viejo puerto de Marsella, reencontrándome con mi francés olvidado y saboreando cada minuto en los trenes con la fruición del que ha pasado demasiado tiempo quieto, trabajando. Y por ahora, puedo afirmar que la mejor noticia es que a pesar de todas mis vacunas pasadas, con muchos viajes en tren a las espaldas y sin necesidad de mapas para encontrarme en ciudades por las que ya pasé, necesitaba un recuerdo de la vacuna, porque había olvidado un poco que uno puede pasárselo bien sin hacer nada concreto.


Marsella, 15.557 pasos

martes, julio 31, 2007

Midiendo el placer del turista

Ya he contado varias veces aquí que uno de los principales problemas de esta vida es la dificultad que entraña medir lo humanamente abstracto (amor, enfermedad, ...). Hoy inauguro el sub-blog "pensamientos vacacionales", y qué mejor tema para comenzar que la cuantificación del placer acumulado en cada lugar que uno visita. Haciendo una simplicación un poco agresiva (pero no por ello convirtiendo la teoría en inválida) he llegado a la conclusión de que el placer que uno extrae de un día de turismo es directamente proporcional al número de pasos que ha dado. Ahora mismo lo explico...

Hace unos meses, en el fragor de la tesis, me compré un podómetro (i.e. cuentapasos). Puede parecer una tontería, pero saber cuántos pasos hay de un lugar a otro es de una gran utilidad. Por ejemplo, muy poca gente en el mundo es capaz de saber cuál es el camino óptimo hasta su casa desde cada punto de la ciudad. Yo, gracias a mi podómetro, sé que es más corto atravesar el parque en diagonal (yendo a traves del campo de balonces donde juegan los filipinos) y luego pegarme a la pared donde están los contenedores de basura. Antes de tener el podómetro, siempre rodeaba el campo de baloncesto y procuraba alejarme de los contenedores, pero ahora sé que tal actitud me obligaba a dar 135 pasos más de la cuenta. Y eso no puede ser: estoy a favor de caminar todo lo que se pueda, pero nunca a costa de tomar caminos poco óptimos.

Gracias a mi podómetro también pude comprobar que de mi casa al trabajo hay 3879 pasos; que si cojo el metro para ir al laboratorio únicamente doy 1218 pasos, y con el autobús la cuenta es todavía más magra: 579 pasos. Gracias al podómetro, ante las preguntas de los turistas que invariablemente me paran camino del trabajo, pude dar detalles exactos sobre cómo ir a correos ("go straight on for 342 steps, and then you'll find the post office on your right, just an extra 123 steps") o la distancia que tenían hasta plaza Cataluña desde Colón (2117 pasos). En definitiva, el podómetro supuso una mejora de vida importante para mí mismo y para los congéneres con los que me cruzaba. Además, cuando a la hora de comer se agotan los temas de conversación, un podómetro siempre ayuda a animar las cosas.

Ayer comencé un pequeño viaje por Europa, que espero me lleve por Francia, Suiza, Alemania y Holanda, visitando amigos y disfrutando de las ciudades. En la mayoría de los casos los amigos a los que voy a visitar tienen que trabajar, así que será una perfecta combinación de viaje en solitario acompañado a ratos. Las tardes/noches tendré compañia de calidad, y las mañanas podré dedicarlas a lo que me de la gana, lo que normalmente significa caminar por las calles intentando perderme para así dar con imágenes de esas que no sólo se quedan grabadas en la memoria de la cámara de fotos.

Podría haberme inventado una escala de disfrute, un baremo de cuánto me gusta cada una de las ciudades que visito. Pero ninguno de vosotros se creería nada de lo que yo pudiera decir, porque quizás lo que para algunos es espectacular para otros es simplemente una calle con escaleras, y lo que para ti es maravilloso, para mí únicamente representa unas piedras bien colocadas. Así pues, y recurriendo a mi pasado ingenieril, en lugar de otorgar un número de estrellas a cada lugar que visite, he simplificado la fórmula del placer a un sólo parámetro: cada ciudad me habrá gustado tanto como pasos haya dado en ella.

Comenzamos: 0 pasos.

martes, julio 17, 2007

La importancia de nuestra vida

Me he pasado 4 años con un único objetivo (laboral): ser doctor. El viernes pasado era el examen. Sí, el tribunal me dio la nota que se da siempre en estos casos, y todos me felicitaron por el trabajo realizado. Pero no es a eso a lo que iba, únicamente lo he escrito como contexto a lo que sigue.

Durante cuatro años, cada mañana me he levantado y me he dirigido al lugar de trabajo. Unas veces en bicicleta, otras en metro, otras en patines, otras en autobus, algunas caminando. Durante cuatro años, de camino al trabajo unas veces he pensado en el trabajo, otras en mi vida personal, en ocasiones en entradas para este blog, de vez en cuando en problemáticas mundiales, e infrecuentemente en libros del siglo XIX (no me gustan demasiado). Cuando iba hacia el trabajo, fuera en el medio de transporte que fuera, prestaba la atención justa para que no me atropellaran, para no caer a las vías del metro, para que el autobús no me aplastara un pie, para evitar a otras bicicletas que se me cruzaban o para cambiar de acera al ver un perro peligroso babeando espuma. Prestaba atención para no morir, claro, pero no pensaba en eso.

Sin embargo, el viernes, mientras iba hacia el auditorio en el que iba a desarrollarse el examen de la tesis, mi único pensamiento era que sería una lástima morirme justo el día en el que mi trabajo de 4 años recogía sus frutos. El viernes fui a la universidad en bici, como tantos otros días, pero en cada cruce, en cada esquina, frenaba hasta casi poner los pies en el suelo y me decía que estaba prohibido tener un accidente, que lo más importante era llegar vivo al auditorio: no podía fallar despues de tanto esfuerzo.

Y ese pensamiento me ha hecho plantearme lo siguiente: ¿mi vida era más importante el viernes pasado que ahora?

Intuitivamente diría que la respuesta es 'no', pero si me paro a pensarlo me doy cuenta de que hoy, ya doctor, al venir hacia el trabajo no he prestado demasiada atención en los cruces. Por tanto, infiero que la importancia de nuestra vida es proporcional a la importancia de las cosas que tenemos que hacer ese mismo día (o semana, o mes, o año...). Todavía no tengo claro en que ventana de tiempo se mueve esta necesidad de sobrevivir a toda costa, pero intuyo que tiene que ver con el esfuerzo realizado y el premio a recibir.

Quizás por eso hay tantas personas mayores que esperan la muerte con tranquilidad: no tienen nada esperándoles en ese futuro que se acerca. Ya no tienen más premios que conseguir...

domingo, julio 08, 2007

Presentación pública

Hoy he leído en el blog de Scott Adams que el truco para hacer una buena presentación pública es hacerte inmune a tus propios errores y pensar que lo que haces está muy bien: si el público ve que tú estás a gusto sobre el estrado, la impresión de lo que hagas o digas será positiva.

Yo llevo una semana preparando una presentación pública (la tesis), en donde debo resumir el trabajo de 4 años. He dedicado el 100% de mi tiempo a preparar unas buenas diapositivas y a estructurar de forma lógica el contenido, sin saber que en realidad todo este trabajo ha sido innecesario: me hubiera venido mejor ir a un cursillo de piropoterapia, o leerme un libro de autoayuda. Gracias, Scott, gracias por publicar tu secreto una semana después de que yo empezara a preparar la presentación...

En todo caso, la información no llega demasiado tarde: todavía tengo 5 días por delante para preparar lo verdaderamente importante de la presentación. Antes de leer el truco de Scott Adams tenía planeado ponerme a escribir las conclusiones de la tesis, pero ahora creo que eso puede esperar y que el rendimiento de mi esfuerzo será mayor si me dedico a resolver esas cosillas que me harán sentir bien durante la presentación:
  • que nadie se lleve una ensalada de pepino a la sala de conferencias
  • prohibido melodías de móvil con "Paquito el chocolatero" o "la Ramona pechugona"
  • expulsión inmediata de aquellos que lleven plantas de cilantro
  • confiscación de caretas, cassettes o VHSs de Jordi Hurtado
  • se cortarán los pelos de la nariz al público asistente
  • no se permitirá la entrada de pistolas de agua cargadas de gelatina, por el peligro que entrañan para la gente que desea llevar las gafas limpias.
Una vez establecidas las normas básicas de asistencia a la presentación (a la que estáis todos invitados), sólo me queda decidir lo más importante: ¿qué ropa me pongo?

Y no es una cuestión baladí, puesto que: 1) no me cabe ningún traje antiguo; 2) no me voy a comprar un traje nuevo; 3) tengo un chaqué que sí que me cabe; 4) como mejor me siento es en pantalón corto, camiseta y chancletas.

Se admiten sugerencias...